Eso de que los sueños algún día tienen que hacerse realidad, es simplemente una metáfora. Nunca nadie pudo hacer, por ejemplo, que el sueño de la igualdad sea una realidad palpable. Siempre habrá diferencias, marcadas diferencias, que harán precisamente esas odiosas cosas que a uno le aleja del otro.
Entonces, por qué habría que tenerse en cuenta la propuesta de un bárbaro con relación a la construcción del teatro de Iquitos.
Si uno es un ignorante en este tipo de cosas debería abstenerse de dar una opinión, como una muestra de respeto a uno mismo. Cuando uno no tiene la capacidad para dar un parecer sobre algo, en esta oportunidad tan importante, es mejor quedarse callado.
Pero como ser trata de algo tan trascendental, todo el mundo quiere meter su cuchara, sin tener arte ni parte.
Por un lado están quienes, conocedores de lo que significa para una ciudad contar con un teatro, y por otro, quienes abogan más por la obra de pavimentación de una calle, como si eso elevaría el espíritu de sus habitantes.
Un teatro nos da la posibilidad de educarnos mejor porque es formador de cultura, nos permite ser críticos de la época en que uno vive cuestionando la conducta de la colectividad y de quienes la dirigen. Con el teatro se puede conocer ciertamente la identidad del pueblo de donde uno procede, lo que hay que mantener como base de todo acto que se haga, para ser auténticos. El teatro sensibiliza y por tanto aspira a un mejor nivel de vida, es liberador de tensiones como que la vida es comedia y tragedia, risa y llanto.
La decisión asumida tanto por la autoridad municipal y por el presidente regional, no puede menos que ser digna de aplauso. Se inicia la función, señores. Veremos si al final de la misma, nos ponemos de pie para ovacionar a los actores.






