Por: Dr. Pedro Portocarrero
Profesor UNAP
pedroe.portocarrero@gmail.com
El JNE, en uso de sus facultades, proclamó a doña Keiko Sofía Fujimori Higuchi, presidenta del Perú.
Es depositaria del alto honor de personificar a la Nación.
Después de tantos sinsabores, la ciudadanía le concedió una merecida recompensa. La vistió de victoria.
La verdad sea dicha.
Se elevó ante la adversidad ¡¿Qué no soportó?!
Confrontó con entereza y resiliencia el anti fujimorismo subsumido en la justa electoral.
Los marxistas truchos y adláteres; las «feministas”, personajes de sentimientos falsos, camuflados de demócratas, no le brindaron la presunción de inocencia siquiera.
¡No hay mal que duré cien años…! No tiene por qué asumir activos, mucho menos cargar la mochila del pensamiento «disolver» y sus secuelas. La acosaron con obsesión maniaca. El gran sicario jurídico fue el fiscal José Domingo Pérez (una suerte de clon del malogrado psicólogo Mario Poggi) escoltado por una frenética caviarada.
Aún marcando la brecha entre la niñez y la edad adulta encaró con firmeza al asesor presidencial, Vladimiro Montesinos.
No es «la reina del Sur». No mojen.
El estado de conciencia popular, buscando lo mejor de lo mejor, parece sugerir un punto de inflexión, un parteaguas. Innovar las pertinencias más creativas en visión de un futuro diferente. Desandar lo mal andado en la sana expectativa de lograr el bienestar colectivo.
Algunos líderes de biliosa opinión y otros, fallidos aspirantes, purgados en el camino, hacen yunta. Los contertulios se preguntan, ¿y ahora, qué viene?, responden, en metáfora, “el diluvio». Para ellos, Keiko es una fascista.
Guste o no es la jefa de Estado.
El proceso electoral reveló en la primera vuelta, el capital político de los aspirantes. No lograron convencer al electorado. El voto se ejerció, digamos, con racionalidad. La sumatoria de ambos araña el 30%.
El consenso colectivo tiene un peso moral y legitimidad incuestionable.
En la segunda vuelta el voto no fue racional. Concurrieron a la cita muchas emociones. Algunas, como el miedo de intensidad creciente, avivaron el “sueño de los justos». Despabilados, optaron por asistir a las mesas sufragio.
Los regímenes autoritarios (la revolución cubana, Somoza, Trujillo, Velasco, el caracazo chavista…) requieren de sustrato popular.
El golpe de Estado del 05 de abril de 1992 fue masivamente popular. Alberto Fujimori gobernó en olor a multitud. Tiempo después, fue reelegido del mismo modo, superó el 64%. Sin entonar con el pueblo, luego de una interpretación auténtica. pretendió una rereeleción… ¡fracasó! Es la penalidad por abjurar. No es el caso de la presidenta.
¡Cuidado! La lectura del mensaje electoral permite colegir que el pueblo no ha otorgado patente de corso. Es un escenario de difícil gobernabilidad.
Sin el complejo de la mujer de Lot, es oportuno mirar atrás. «Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla» ¿Para qué buscar tres pies al gato? Los triunfos y las tragedias permiten a la sociedad evitar errores, aprender de las consecuencias, proteger los DDHH…crecer y desarrollar.
Sembrando vientos. Creyentes de una opción congelada que siempre raya con la violencia, los comunistas apuestan por la polarización del tejido social, «campesino, el patrón ya no comerá de tu pobreza» coreaba la dictadura militar en los 70; la muletilla del prosor Castillo, «no más pobres en un país rico», atizan la confrontación. La narrativa deviene, por así decirlo, en algo entendible. En contrario, resulta difícil entender a quienes dicen apostar por la democracia representativa al tiempo de establecer cínicamente distancias de opción social. Mostrando un botón. Indigna y subleva que el hombre de a pie, no pueda acceder a la salud. El argot popular repite con dolor, «si no tienes plata te mueres». La democracia representativa se aparta del pueblo exhibiendo codicia, soberbia y carencia de solidaridad. Se pierde legitimidad. Es la doctrina del botín.
En frase prestada, «algunas cosas buenas se hacen mal, algunas cosas malas se hacen bien». La regionalización, tal cual, alentó la angurria, la avidez por el enriquecimiento ilícito. La corrupción se exacerbó.
La meritocracia debe ser potenciada.
El 28 de julio próximo, la democracia debe anunciar medidas que reculen la vergüenza social construyendo legitimidad.
Ave Keiko, recuerda que eres mortal… El tiempo pasa para no volver nunca jamás.





