-Campaña de tránsito vehicular.
-A la mayoría de choferes de colectivos les importa poco, por decir lo menos.
Decimos que la vida no tiene precio en el mejor sentido de la palabra, pero para muchos conductores de micros, colectivos u omnibuses, o como quiera llamarlos, la «vida no vale nada», peor aún cuando emprenden una carrera por las calles de la ciudad para ganar pasajeros.

La campaña municipal es una buena iniciativa, pero si solo va a consistir en colocar banderolas por diversos lugares públicos como en el cruce de las calles 9 de Diciembre con el jirón Próspero, en pleno mercado de Belén, no tendrá el impacto para dar lugar a cambio de actitudes.
«Suba y baje del vehículo cuando esté detenido», en otras palabras que el motocar o colectivo, principalmente este último pare la máquina y recién los pasajeros deben bajar y luego los que requieren deben subir, en un tiempo prudencial que no arriesguen su integridad física.
Eso es lo correcto legalmente, lo precisa el reglamento y hasta las normas de urbanidad y buenos modales, incluso es una señal de amor al prójimo; pero no pasa nada con una serie de choferes que además de cometer infracción, están desubicados porque maltratan lo que más necesitan: sus clientes pasajeros.
La indicada campaña debe incluir que los dueños de los colectivos permitan colocar mensajes dentro de los vehículos y que la policía esté atenta para colocar papeletas a los micros que apenas se detienen para que los pasajeros bajen o suban, quienes se convierten en equilibristas forzados para evitar una aparatosa caída.
Además otro aspecto del ordenamiento del transporte de colectivos que está olvidado, es la ubicación visible de los paraderos oficiales y que se cumpla. Si tiene que ser cada esquina, así será. Si tiene que ser cada cierto tramo, igual. Las ubicaciones deben responder a la necesidad de los usuarios, como el caso de los semáforos que están casi en cada esquina. Correcto. Ante tanto imprudente se hace necesario. Responde a una realidad. (DL)





