Loreto no puede seguir buscando su desarrollo bajo los mismos parámetros con los que se mide al resto del país. Iquitos es diferente y esa diferencia no debería ser entendida como una desventaja, sino como una oportunidad. Nuestra ubicación, la Amazonía que nos rodea, los ríos, la biodiversidad, la cultura y el conocimiento ancestral conforman un patrimonio económico que todavía no hemos sabido convertir en una verdadera plataforma de desarrollo. El problema no es que nos falten recursos; nos falta una visión capaz de convertirlos en productividad, empleo y bienestar.
Durante demasiado tiempo nuestra economía ha girado alrededor del comercio, el empleo público, la extracción de recursos y el consumo. Necesitamos dar el siguiente paso: producir y transformar. Loreto no puede limitarse a vender aguaje, camu camu, cacao, pescado, madera u otros productos amazónicos como materia prima. Tenemos que desarrollar industrias que agreguen valor, marcas amazónicas capaces de ingresar a mercados nacionales e internacionales y cadenas productivas donde el mayor beneficio llegue también al productor de las comunidades.
Iquitos, además, tiene la posibilidad de convertirse en el gran centro de servicios de la Amazonía. Turismo de naturaleza, gastronomía, investigación científica, tecnología, educación especializada, producción audiovisual, medicina y conocimiento amazónico, logística fluvial y servicios vinculados a la conservación pueden generar una economía distinta. No tenemos que competir con Lima intentando hacer lo mismo que Lima. Nuestra ventaja está precisamente en aquello que Lima, y muchas otras ciudades, no pueden ofrecer: ser una puerta de entrada al conocimiento, la biodiversidad y la experiencia amazónica.
Pero una región productiva no se construye únicamente desde las oficinas públicas de Iquitos. Hay que mirar hacia las comunidades y hacia los territorios donde realmente se produce. El agricultor, pescador, artesano o emprendedor amazónico necesita conectividad, capacitación, financiamiento, tecnología y mercados. Si queremos proteger nuestros bosques y nuestros ríos, debemos conseguir que quienes viven en ellos tengan una alternativa económica rentable y sostenible. La mejor defensa de la Amazonía será una población que encuentre en conservar y producir responsablemente una fuente real de bienestar.
Para lograrlo también necesitamos cambiar nuestra manera de pensar la política pública. Una obra puede ser necesaria, pero el verdadero desarrollo se mide por lo que ocurre después: cuántos empleos genera, cuánto aumenta la producción, cuántas empresas nacen, cuánto mejora el ingreso familiar y cuánto valor queda en Loreto. Debemos dejar de conformarnos con administrar la pobreza o ejecutar presupuestos y comenzar a construir una economía regional. Iquitos necesita infraestructura, sí, pero también necesita visión, innovación, inversión privada, conocimiento y una agenda productiva propia.
Ser una región diferente no tiene por qué significar estar condenados al aislamiento. Al contrario, puede significar tener una ventaja que otros no poseen. Iquitos debe dejar de preguntarse por qué no puede hacer lo mismo que las grandes ciudades y comenzar a preguntarse qué puede hacer que ninguna otra ciudad puede hacer. El futuro de Loreto no está en dejar de ser amazónico para desarrollarnos; está en convertir nuestra condición amazónica en nuestra principal ventaja económica. Esa debería ser la nueva discusión de Iquitos: no cómo sobrevivimos al aislamiento, sino cómo transformamos nuestra singularidad en productividad, oportunidades y desarrollo.
Lo Último
Ser diferentes para ser más productivos
Date:





Me encantó, y sí es propuesta realista que Iquitos debe tomar enserio.