- Habló el padre Raymundo en la ceremonia de despedida del Juez Carlos Amoretti.
La despedida no era la de una persona más. El padre se mostró sinceramente triste debido a que siempre tuvo una relación cercana con el magistrado que apoyaba (con el respaldo de otros magistrados) las obras de caridad que impulsa Raymundo.
“Muchas veces nos hemos reunido en oración, esta vez estoy con ustedes para orar por el descanso eterno de un juez, Carlos que ustedes lo conocen muy bien. Para nosotros, la parroquia San Martín de Porres, Carlos siempre fue un gran amigo, un hombre de fe, esto lo saben bien. Algunos incluso lo llamaban “el monaguillo del padre Raymundo”, porque siempre estaba como fuente entre el palacio y la parroquia animando a la solidaridad y más que ello a la fe.
Señor no mires la falta que todo hombre tiene, mira más bien tantos años de servicio a la justicia. Perdona sus faltas, pecados, penas, y prémialo con la vida eterna” hablaba el padre frente al féretro ubicado al ingreso de la puerta principal de la CSJL en las inmediaciones de la Plaza 28 de Julio, de donde muchas personas miraban la emotiva ceremonia.
Prosiguió: “La muerte no tiene victoria sobre el cristiano, la muerte ha sido vencida. Creemos que Carlos vive al lado de Dios. Este año el hermano Carlos iba a jubilarse terminaba su servicio. Una vida de servicio a la justicia, el plan misterioso de Dios ha querido que su jubilación sea en el cielo.
Señor acuérdate de tantos gestos de solidaridad que Carlos ha hecho. Ha vivido dando de comer a los pobres, como tú has prometido señor llévalo a la Casa de Dios padre. Que sea hoy mismo señor, como dices hoy estará en el paraíso. A su esposa, hijos, nietos, toda la familia en estos momentos de tanto dolor, se consuelen con las palabras de fe que acabamos de anunciar” concluyó el padre para finalmente acercarse al ataúd y echar agua bendita.
Concluida la emotiva ceremonia los restos del juez Carlos Roberto Amoretti Martínez, fueron trasladados hasta su última morada en el campo santo “Jardines del Edén”.





