En los últimos diez días se puede observar que las actividades delincuenciales han vuelto a activarse, robos, asaltos y hasta asesinatos como consecuencia de algún atraco y esta situación ha vuelto a ponernos en alerta para evitar ser una víctima más, aunque es muy poco lo que podemos hacer en realidad.
Recordamos que al iniciar la cuarentena con el toque de queda no se registró ningún acto delincuencial. Es que la policía con la fuerza armada en las calles para que los pobladores cumplamos con las medidas restrictivas respecto al libre tránsito, para evitar se multipliquen los contagios, fue lo que frenó este mal social.
Las restricciones continúan, pues sigue la cuarentena, el toque de queda y la emergencia nacional, pero los miembros de la Policía, ni de la Marina, ni Fuerza Aérea, ni Ejército patrullan ya las calles con la intensidad que lo hicieron al inicio del aislamiento social.
Recordemos también que la desobediencia social originó enfrentamientos con algunos militares y personas civiles, lo mismo con efectivos policiales, que en su esencia están acostumbrados a cumplir las órdenes y a la disciplina, cosa que en el común de nuestra gente suena raro. Es obvia, la incompatibilidad y también se tendría que emplear estrategias diferentes.
Entonces, lo que tendríamos que repensar también es en la nueva, normalidad de la fuerza militar que cuando se une a la policial, nos brindan en un altísimo porcentaje paz y tranquilidad respecto a la delincuencia común y el crimen organizado, pero tendrían que establecer en su formación con más intensidad el trato adecuado con la ciudadanía o a través de capacitaciones permanentes desde ya.
La presencia de la policía y militares también fueron y siguen siendo claves en la distribución de beneficios a los pobladores, que hizo que no hubiera desmanes e incluso saqueos como se dieron en otros lugares del país.
Se trata de valorar lo positivo y la posibilidad de adoptarlo como una política más de Estado cuando no hay conflictos bélicos y los recursos humanos e incluso equipos sean puestos al servicio de la civilidad, que en el caso de la delincuencia común se trata de combatirlo para lograr seguridad y como consecuencia paz ciudadana.
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