Mientras muchos hablan de la defensa de la Amazonía desde cómodos escritorios, en Santa María del Alto Nanay esa defensa se vive todos los días. Sus pobladores se han convertido en el verdadero muro de contención frente al avance de la minería ilegal, una actividad criminal que amenaza con destruir uno de los ríos más importantes para Loreto y la principal fuente de agua que abastece a la ciudad de Iquitos.
No es un secreto que las mafias del oro buscan permanentemente ingresar a la cuenca del Nanay. Allí donde logran instalarse dejan contaminación por mercurio, bosques devastados y comunidades afectadas. Por eso, cada intento frustrado no es producto de la casualidad, sino de la firme decisión de una población que ha comprendido que defender el río es defender su presente y el futuro de toda la región.
Santa María del Alto Nanay merece mucho más que aplausos. Merece una presencia permanente del Estado, con operativos constantes, vigilancia efectiva y el respaldo decidido de la Marina de Guerra, la Policía Nacional, la Fiscalía Ambiental y todas las instituciones responsables de combatir este delito. La lucha contra la minería ilegal no puede depender únicamente del sacrificio de quienes habitan las riberas.
La defensa del Nanay tampoco admite descuidos ni pausas. Las organizaciones dedicadas a esta actividad ilícita siempre buscan nuevas rutas para regresar. Bajar la guardia sería permitir que el esfuerzo de tantos años se pierda en poco tiempo. La vigilancia debe ser permanente y las sanciones ejemplares para quienes insisten en depredar el patrimonio natural de todos los loretanos.
Desde estas páginas saludamos el coraje y la organización de los hombres y mujeres de Santa María del Alto Nanay. Ellos han demostrado que cuando una comunidad se une para defender su territorio puede enfrentar incluso a quienes solo buscan enriquecerse a costa de la destrucción ambiental. Su ejemplo merece ser replicado en toda la Amazonía.
Loreto tiene una deuda con Santa María del Alto Nanay. No solo porque protege un río vital para miles de ciudadanos, sino porque ha asumido una responsabilidad que beneficia a toda la región. Cuidar el Nanay no es una tarea exclusiva de sus pobladores; es un deber de todos. Si algún día este río deja de ser lo que es hoy, las consecuencias las pagaremos todos. Y entonces ya será demasiado tarde para lamentarnos.
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Santa María del Alto Nanay: el muro de contención contra la minería ilegal
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