Iquitos, es actualmente una ciudad desordenada porque su condición de urbe ordenada la ha perdido hace mucho tiempo. Sus calles, principales y circundantes, están plagadas de estacionamientos vehiculares, donde el trasporte público se cae con unidades destartaladas, inoperativas técnicamente, motociclistas y motocarristas que desconocen las señales de tránsito y las disposiciones consignadas en el reglamento del uso del casco que, si bien es cierto es obligatorio, no se sabe cuál de los modelos de este artificio es el indicado, porque escudándose en una vulgar imitación de casco para carreras de motocross, los asaltantes más peligrosos, esos que portan armas de fuego y disparan a sus víctimas, esconden el rostro para no ser reconocidos, lo que hace difícil su captura, quedando impune el crimen. A esas personas les debería intervenir la policía. Es más, al reglamento se le tendría que modificar, incluyendo la obligatoriedad de pintar en el casco el número de placa de su motocicleta, que deberá coincidir exactamente.
Las veredas han sido tomadas por vendedores, mecánicos, vendedores de loterías y jugadores de casino sin que nadie haga siquiera el intento de desalojarlos de la vía pública, enseñándoles que la calle, que se compone de vereda y la calzada, no es propiedad de nadie, sino de todos. Una vía para los peatones y otra para los vehículos y que ninguna de ellas debe estar obstaculizada por nada ni nadie.
Bien la disposición municipal de prohibir el estacionamiento de vehículos en el centro monumental de la ciudad, pero ¿y en el resto de la ciudad, que siga el desorden?
Una ciudad eleva su nivel cuando sus pobladores respetan y ejercen sus derechos y obligaciones, cuando sus autoridades se preocupan por conservarla atractiva y saludable.
Para hacer un reordenamiento de la ciudad primero hay que comenzar por educar a la población, a través de los medios de comunicación.





