Desde hace años que les venimos fallando a las comunidades indígenas que han sufrido las consecuencias de los derrames de petróleo. Es que como parte del Estado peruano nos ponemos todos en el mismo panero, saco, como mejor les parezca decir, porque además no hemos sido capaces como sociedad civil de ponernos de lado de ellos en el momento oportuno.
Actualmente también están librando solos una lucha donde pensamos que vienen cometiendo errores, producto de la desesperación o el desconocimiento, mientras que en Iquitos y en las capitales de la Región Loreto todo tranquilidad en el sentido de mostrase casi indiferentes a lo que vienen exigiendo una parte de las federaciones indígenas, porque hay otro grupo conocido como de las Cuatro Cuencas que gestionan por su lado.
Esto nos hace recordar a ciertos momentos de la narración de Mario Vargas Llosa en su libro “El Sueño del Celta”, cuando describía la indiferencia de todo los citadinos de la europeizada ciudad de Iquitos, mientras en el interior del bosque el grito de dolor y piedad se difuminaba entre las ramas de los árboles, silentes testigos de la injusticia a los dueños de territorios ancestrales invadidos por codiciosos caucheros.
El escenario hoy nos muestra una mestiza ciudad preocupada en sus quehaceres diarios e indolentes a lo que les ocurre a los indígenas, quienes entre sus exigencias tienen el tema de la remediación ambiental, que por ejemplo en la quebrada de Cuninico, hasta ahora no han terminado de limpiar y remediar, siendo uno de los derrames más emblemáticos en la zona del distrito de Urarinas, río Marañón, provincia de Loreto – Nauta, tal como lo recordó Juan Carlos Ruíz, abogado del Instituto de Defensa Legal-IDL.
Para nadie es un secreto que la remediación de las quebradas, lagos y zonas firmes es un asunto pendiente. Fallaron con la remediación. Las empresas petroleras no han cumplido con limpiar lo contaminado. Una prueba de ello es que el Organismo de Evaluación y Fiscalización Ambiental-OEFA, multó a Petroperú con 10 millones de soles por no cumplir con la comunidad de Cuninico.
La remediación a nuestro entender es la necesidad más emergente, lo demás puede irse añadiendo, sin dejar de ser importante. No quisiéramos ni imaginar vivir en una comunidad donde el agua parezca como si le hubieran echado combustible y tener que bañarnos con eso, juntarla para preparar nuestros alimentos, etc., etc., mientras acá gozamos de la poca, aunque potabilizada agua que manda a las viviendas la empresa de Sedaloreto.





