Como medio de comunicación que defiende los intereses de la región Loreto, desde hace buen tiempo nos hemos preocupado por conocer y entender la problemática de los pueblos indígenas, que además como comunicadores sociales es un deber o casi una obligación ética, profesional y moral.
En esa línea estamos en el tema del proyecto de la Hidrovía Amazónica que por una parte se presenta como una oportunidad de desarrollo, pero por otra parte como una amenaza para el medio ambiente por los impactos negativos que podría generar en los ecosistemas hídricos, en nuestros ríos con probable repercusión de lagos y quebradas.
Así, desde el gobierno central nos venden el proyecto como la oportunidad que los ríos en esta parte del país sean navegables y eso suena a que se estarían refiriendo a otro mundo, porque desde tiempos milenarios nuestros ríos son las vías de comunicación que utilizamos todos los días, por lo tanto son navegables, de dónde sacan la teoría que no lo son.
Es uno de los puntos que lo tenemos muy claro. Nuestros ríos son navegables, si no, no tendríamos las embarcaciones que van a diario de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad uniendo la región Loreto con la región Ucayali.
Otra cosa sería que nos digan, y que es en el fondo el objetivo, que grandes naves puedan circular sin dificultades en la parte de lo que han denominado “malos pasos”, y dicen han identificado a 13 malos pasos, trece como los martes que dice el viejo refrán “ni te cases, ni te embarques”, en los cuales se dragará de ser necesario en último caso. Acá el discurso ha cambiado porque se hablaba solo de dragado. Y la pregunta es ¿necesitamos de esas grandes embarcaciones? ¿de dónde vendrán? ¿qué traerán? ¿qué llevarán? Es otra parte del análisis poco claro.
Lo que se percibe es que hay una decisión tomada de gobierno central, que la Hidrovía Amazónica irá sí o sí, a las buenas o a las malas con la presión del poder legal y político. Y que el proceso de consulta previa no es más que un formalismo donde las organizaciones indígenas, para variar, dan marchas y contramarchas, y las entidades tanto regional y municipales poco o nada dicen. Con ellos no es. Qué mal.
En ese sentido, las organizaciones indígenas esta semana han suspendido su relación con el proyecto por dos razones: porque no se atiende la agenda social de construcción de puentes, caminos, puertos y otros (¿ello contempla el proyecto?); y, además, exigen una “segunda” consulta previa sobre el estudio de impacto ambiental. Mientras el Estado dice trataremos de entendernos. Nosotros también trataremos de entenderlos a ambos.




