El viaje hacia la zona del Bajo Amazonas con destino a la ciudad de Caballococha, a dos horas de la triple frontera con Colombia y Brasil, desde nuestro país resulta un viaje placentero conociendo los embarcaderos de pueblos como Pebas y San Pablo, que digamos están en una mínima situación respecto a lo que se debe llamar, puerto.
En realidad, tenemos atracaderos poco atractivos y que nos ocasionan cierto temor, más si ha llovido y la tierra húmeda puede ocasionar un resbalón. Entonces la inmensidad del Río Amazonas es el atractivo que más se aprecia en la travesía por esas aguas que vienen formándose desde las alturas de Arequipa, pasando por la serranía, llegando a la selva alta y luego baja.
Tenemos una maravilla de la naturaleza y siempre ha sido así desde cientos de años y mucha gente de diferentes lugares del país y del mundo vienen a conocerla desde su confluencia con el Río Marañón y Ucayali, dando pase al tramo más señorial del río mar: Amazonas.
El magestuoso como también ha sido calificado sin dejar de ser más que cierto, pero que ese garbo natural que sus aguas provocan al desplazarse ensanchándose hacia la desembocadura en el Océano Atlántico, pierde brillo cuando las embarcaciones atracan para el desembarque de pasajeros en nuestros pueblos loretanos.
Y más sorprendente e indignante a la vez, es que nuestro sistema para la ejecución de infraestructuras sigue siendo un desastre, a pesar de contar con presupuestos asignados que luego se desvían por otros lados. Y decimos esto porque en años pasados se anunció más de una docena de proyectos de construcción de desembarcaderos, que hasta la fecha no se han hecho realidad.
Se decía que el denominado Puerto Henry tenía muy avanzada su documentación y calificaba por la infraestructura que posee como iniciativa privada, y nada. Le seguía en embarcadero Silfo Alván, conocido como “Masusa”, pero tampoco, sigue funcionando sin esa categoría ni la posibilidad de mejorar sus servicios.
Y seguimos nuestro recorrido por el Bajo Amazonas y nos anuncian la llegada al Puerto Inca. Nada más que escalofriante y temerario llegar a una plataforma de metal y luego aventurarse en una especie de barranco con improvisadas escalinatas de restos de maderas y que en un mínimo descuido las personas podrían terminar rodando hacia la orilla, claro, que todo el mundo se pone alerta para no sufrir semejante bochorno, que hasta podría afectar con alguna fractura de hueso.
Los actuales congresistas por Loreto tendrían que preocuparse por estos temas y hacer sus gestiones conjuntas en el Ministerio de Transportes y Comunicaciones y otras dependencias del gobierno nacional, para mejorar las condiciones portuarias en nuestra región. Ojalá.
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