Son un buen número de asentamientos humanos que se ubican cerca de la orilla de los ríos que circundan la ciudad de Iquitos, cuya geografía es reconocida como zona inundable, desde que las personas decidieron ir a vivir en esos sectores que actualmente se encuentran tugurizados.
Es que cuando las familias fueron emigrando de la zona rural a la zona urbana, ese detalle de zona inundable no parecía ser un problema, mucho menos para quienes venían de vivir en comunidades nativas e indígenas que todos los años las aguas de los ríos se convierten en calles cuya pista es el agua.
Lo que parecía algo inofensivo se convirtió en peligroso debido a varias circunstancias. Para empezar los habitantes de estos lugares no construyeron casas con pisos elevados, lo que hacía ver como que se trata de una desgracia ante la crecida de los ríos, cuando es una estación normal del año en esta parte de la selva baja de la Amazonía loretana.
Otro escenario era para quienes sí construyeron con pisos elevados y sus respectivas escaleras, pero para desplazarse necesitaron de puentes y así se fue generando esa necesidad durante la época de creciente de los ríos, todos los años, y que las municipalidades distritales por un tema social tienen que atender con madera y otros materiales para estas construcciones temporales, que son como las veredas peatonales.
Este tema de los puentes de madera se hizo tan popular que malogró en parte la costumbre del pueblo de Belén zona baja que siendo amigables con la naturaleza, años de años vivieron sin la necesidad de puentes, hasta convirtiéndose en un atractivo turístico por el uso de las canoas y peque peques.
Es decir, se adaptaron a una realidad geográfica sin que les genere problemas. Y nos preguntamos si acaso quienes eligieron vivir en asentamientos humanos inundables no podrían coger este ejemplo de vida. Lamentablemente eso no sucedió, ni sucede, salgo algunos que otros que tienen su vehículo fluvial (canoa) que les sirve durante los meses de inundaciones.
De eso se trata, cómo vivir en armonía con la naturaleza y no estar todos los años adquiriendo maderas o exigiendo les donen, para la construcción de los puentes. Tenemos que asumir nuestras responsabilidades y colaborar con el ornato de las urbes, y sentirnos orgullosos de ser auténticos.
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