Poner en peligro la salud de la población puede hacerse de diferentes formas, unas más visibles, otras más solapadas, casi invisibles.
Entre las visibles están las carnes rojas, de aves y pescados, que exponen claramente su mal estado cuando exceden los plazos para su conservación. Otras son cuando los alimentos envasados o enlatados pasados de fecha, son puestos a la venta previa corrección del sticker, hecha con tal sutileza que es capaz de engañar a mucha gente, especialmente a aquéllas que no cuentan con mayores conocimientos para poner al descubierto el engaño.
El beneficio de animales en camales clandestinos, sin la certificación veterinaria, es otro tema que va contra la salud pública.
El hallazgo de pescado en estado de putrefacción, decomisada por la Fiscalía de Prevención del Delito, es otro ejemplo de peligro al que estamos expuestos.
Inspecciones permanentes a los centros de abastos y frigoríficos donde se guardan alimentos, más las denuncias de la población cuando detecte anomalías en los alimentos que se expenden, lo que debe hacerse extensivo a los restaurantes de la ciudad, que muchas veces no cuentan con instalaciones higiénicas ni en buen estado de uso, produciendo contaminación a los alimentos a ser consumidos.
Las reparticiones encargadas de detectar el mal funcionamiento de estos establecimientos, deben ser estrictas en sus operativos, sancionando drásticamente a los infractores.
Estar alertas en todo lo que vamos a llevar a la mesa familiar, será una manera de protegernos de los avivatos que están dispuestos a vendernos cualquier porquería.





