Una lección que se puede sacar luego de la disolución del Congreso de la República, es que los procedimientos democráticos funcionan frente a coyunturas políticas negativas como las que representaba la mayoría parlamentaria que ha fenecido ayer.
Decisión formalizada legalmente en el Decreto Supremo que disuelve el Congreso de la República y convoca a elecciones para un nuevo Congreso Decreto Supremo Nº 165-2019-PCM, publicado anoche en el Diario Oficial El Peruano.
Hace un tiempo no muy lejano decíamos que nos daba la impresión que el presidente Martín Vizcarra, quería agotar todo el proceso legal que le confiere la Constitución Política del Perú, en un sistema democrático y en el marco de sus facultades desde el Poder Ejecutivo, para solucionar el torpedo que significaba el Parlamento. El tiempo nos dio la razón.
Y ejecutó lo que millones de peruanos estaban esperando indignados, frente a otros pocos millones que hubieran preferido que sigan las cosas como están, con un Congreso de la República con evidencias de responder a intereses personales, de grupo, y otros; ajenos a los intereses de los peruanos y peruanas.
En uso de sus plenas facultades y como lo señala el artículo 134° de la Constitución Política del Perú que señala que si se censura o se niega el voto de confianza a dos gabinetes de un mismo Gobierno, el presidente de la República queda facultado para disolver el Congreso.
El decreto de disolución contiene la convocatoria a elecciones para un nuevo Congreso. Dichas elecciones se realizan dentro de los cuatro meses de la fecha de disolución, sin que pueda alterarse el sistema electoral preexistente.
La convocatoria a las elecciones congresales ya fueron dadas ayer mismo al momento de anunciar la disolución del Congreso de la República. Y ahora viene la implementación del proceso electoral.
La tarea no será nada fácil, las reacciones amañadas y argucias de los disueltos vendrán, así como la tarea de recuperar la decencia política en el país, porque un alto porcentaje de espacios del poder político y del gobierno en general en todo el país han sido manchados por la corrupción. Y obvio que la gestión del presidente no es ajena a ello.
Es por ello que el grito que se vayan todos retumbaba fuerte, también. O sea todos del Legislativo y del Ejecutivo. Pero respetuosos de los procedimientos normativos es la oportunidad que tenemos todos de enderezar el camino.
Cuestión aparte son las investigaciones fiscales y los procesos judiciales, donde el clamor general es que se aplique “caiga, quien caiga” sin mirar poder político, ni de ninguna otra índole. Mientras amaneceremos con más novedades en este proceso y esfuerzo por devolverle la decencia política al país.
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