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Piensas: Río Iquitos

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Fernando Herman Moberg Tobies
http://riendasciegas.wordpress.com
hmoberg@hotmail.com
@FernandoMobergT

 

La lluvia azota a la isla, el cielo nublado nos desconecta de los astros, el sonido del viento nos recuerda la soledad de nuestros pensamientos, los sueños escapados, los suspiros perdidos, la esperanza alargada. Los rayos aparecen imponentes en el inmenso gris, los truenos atemorizan las almas de los simples mortales que intentamos calmar nuestra conciencia, a veces confundidos, a veces despiadados.
El agua empieza a cubrir las calles de la ciudad, las personas sacan sus escobas e intentan proteger su tranquilidad, su hogar, el único lugar donde sienten que nadie vulnera sus democracia, sus derechos, que nadie pisotea sus dignidad, barren intentando prevenir que el agua ingrese a sus casas, a llenar de frialdad la calidez que se intenta mantener en un sistema tan agotador y cansado, algunos miran por las ventanas en silencio sin conversar, sin hacer ruido, solo miran, tal vez buscando las respuestas que a veces no logramos comprender, tal vez solo pidiendo que el agua se lleve todo lo que vuelve pesado a nuestros pasos.
El agua ya ingresó a los hogares, corren con baldes intentado que la naturaleza no ingrese a destruir lo poco que pudieron conseguir luchando en un sistema que solo nos vuelve más esclavos, el agua avanza sin detenerse, gritos, sudor, tristeza, miseria, frustración es lo que abundan en las emociones del pueblo que no comprende cómo la naturaleza puede ser tan imponente.
Alberto maneja rápido su moto, sin capa, sin temor, acelera a toda velocidad con la mochila en la espalda y la desesperación por llegar a ayudar a su madre, no puede bajar la marcha, mira como en algunas calles el agua supera las veredas, su hermanito tiene retardo mental moderado, no puede moverse independientemente de su cama, puede caerse o hacerse daño porque de hecho su madre con tres pre infartos diabéticos debe estar con un balde protegiendo sus humilde hogar. Llega a la esquina de su casa, aún no cuentan con empistado y su cuadra es una bajada con tierra rojiza, la lluvia se ha convertido en un río caudaloso que ingresa a las casas sin poder ser detenida, supera el metro de profundidad, las personas ya no barren ni corren, el agua les cubre el cuerpo por encima de la cintura y las lágrimas se unen a las gotas masificadas.
Deja su moto en la loma sin importar que le roben, no sabe si seguir corriendo ya que no avanza veloz o si debería ponerse a nadar, Alberto está desesperado, su madre, su hermano, las pocas cosas materiales que han sufrido penurias para conseguirlas, sus esfuerzos, se van con el caudal.
Sus vecinos están en la sala de sus hogares cargando ropas, poniendo la refrigeradora, televisores encima de las mesas, los niños lloran como si el fin del mundo hubiese llegado para los pobres. Alberto llega a su puerta, su madre carga lo que puede para salvar del desastre natural inducido por el hombre, los políticos electorales; se acerca a su madre, le dice que él se encargará, que vaya por su hermanito y que se quede con él. Su madre sigue llorando, le dice que varias cosas ya se han mojado, el saco de arroz que compró para ver si se ponían a vender comida en las noches para mejorar su economía ya se malogró, que todos los víveres se mojaron, que no tuvo tiempo de salvarlos, Alberto le pide que se tranquilice, que volverá a trabajar duro para recuperar lo que sea, que por favor deje de preocuparse, que podría pasarle algo malo en su salud por los antecedentes que tiene, y que eso sí no se pudiese recuperar.
Alberto siente un nudo en la garganta, la impotencia absorbe cada una de sus emociones, se siente frustrado de no poder hacer nada para proteger el único lugar donde no deberían sentirse vulnerables al maltrato que ya es suficiente con el  de un Estado injusto y sectorista. Levanta las cosas que puede, los vasos, los platos llenos de barro, coge la ropa sucia y detiene sus lágrimas, no puede demostrar impotencia a su madre, tiene que transmitirle seguridad, que todo estará bien, que todo se podrá recuperar, no quisiera tener que volver a estar semanas en el hospital.
No logra concebir como el lucro indiscriminado de las autoridades que nos gobiernan o gobernaron, pueda ser tan ajenas a la realidad y necesidades del pueblo que hace las bases y desarrollo de una nación. Desde que entró a la universidad conoció diferentes partidos políticos, se unió a sus filas para ver si realmente se podía acceder a un cambio como las teorías daban a conocer, acabó desilusionándose de cada partido que visitó, ya por terminar su carrera en la universidad ingresó a las filas del partido actual del gobierno, creyó en las frases y estrategias de un político calculador y engatusador, se sintió identificado con las historias del makerting personal de venderse como el sufrido perseverante, apoyó moviendo a las bases sociales para ser la fortaleza del gobernador que en cuanto entré al gobierno solo derivó migajas a quienes le permitieron llegar a la riqueza.
Alberto añora dar mejores condiciones de vida a su madre enferma, comodidad a su amado hermano, desea tener el título de la universidad y dejar de estar detrás de un líder que no valora la realidad de cómo vive su gente, su pueblo, su democracia; cuando planteó un proyecto educativo-social que no iba a rendir dinero, ni había forma de inflar precios o adulterar las compras, no procedieron con la ejecución, cuando le pidió que los educara políticamente, convocó a la juventud del partido y jamás apareció, cuando necesitaba su apoyo para representar la idea de su gobierno, solo recibía bloqueos como si no quisieran que otros no fueran los aportadores del cambio de la sociedad.
La lluvia no pasa, la naturaleza no tiene la culpa de sus reacciones cíclicas que genera que el ser humano respete su poder por encima de nuestro ego y soberbia; su madre se quedó dormida abrazando a su hermanito, Alberto ya colocó encima de las mesas y colgado en clavos puestos en la pared todo lo que se pudo proteger. Camina hacia la calle, el agua avanza solemne, observa a las personas que viven a su alrededor, rendidos, arrinconados a la resignación, mira a sus amigos con los que creció en el barrio, algunos en sus ventanas, otros en las puertas de sus casas, la realidad en la que viven los que están dentro de la ciudad es tan diferente a los que bordean los límites del territorio, la igualdad es solo una frase para jalar votos en las urnas o al consumismo que solo beneficia a los de arriba.
Alberto alguna vez creyó en la política partidaria-electoral, quería ser parte de ella para poder ser la voz de lo que vive y conoce, defraudándose por caer en el juego de promesas que nunca llegan, promesas que manipulan la inocencia y la falta de conocimiento de quienes no tienen la culpa de que los servicios básicos del gobierno no funcionen efectivamente para generar un pueblo crítico y fiscalizador.
Lo tormenta se calma, el sonido de la individualidad vuelve a retumbar, algunos prenden la radio, otros el televisor, cada uno en sus propios intereses, el agua empieza a descender lentamente, el barro es la alfombra que cubre todo el piso, algunos cantan, otros se quejan de las autoridades.
El silencio ha desaparecido, la unidad que se demostró en el temor se ha vuelto a esconder, todos volvieron a sus preocupaciones personales. Alberto va hacia la única habitación que todos comparten, su madre y hermano duermen profundamente, se sienta al costado de la cama, coge la mano de su hermanito que lo espera sonriente todos los días, no sabe ver la hora, pero están conectados que siempre está en la ventana dándole la bienvenida cuando sale del trabajo y regresa a almorzar, acaricia la mano de la persona por la que él lucha, no puede ir al colegio como cualquier niño, no puede escucharlo si es que algo quisiera para que él se esforzara más para retribuirle los gestos de cariño que recibe, acaricia el cabello de su madre, una agricultora que tuvo que salir de su tierra para buscar mejores oportunidades a sus hijos sin un hombre que le diera apoyo y soporte, la acaricia y las lágrimas que contuvo mientras luchaba con la lluvia ahora salen desbordantes, quisiera que realmente existiera la democracia y buenos intereses de los políticos electorales en beneficio de la comunidad. Alberto se levanta, suspira, y se compromete a seguir luchando por su gente y  lo justo, por encima de los lucros enmascarados.

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