- Manolo Berjón, párroco y defensor de los pueblos indígenas
Claro y preciso. Así es como se muestra el párroco y defensor de los pueblos indígenas, Manolo Berjón, quien precisa que “Para que las conversaciones en Saramurillo sean serias, hay que afrontar la “transición energética”. El Llote 192 está prácticamente agotado, y el Lote 8 no tiene muchas reservas. Y en ambos lotes el petróleo es de mala calidad, muy pesado”.
Indica que estos simples datos ya deberían ser suficientes para plantear la transición energética de forma inmediata. “Además, el gobierno anterior decidió, a nuestro parecer, unilateralmente, sin tener en cuenta a los pueblos indígenas, invertir 3500 millones de soles en la planta de Talara. Y este año se cerró un contrato para que el crudo ecuatoriano utilice el Oleoducto Nor-peruano. Estas dos decisiones afectan poderosamente estos territorios indígenas. No reconocerlo, o esconderlo, es falta de buena voluntad. Y esto afecta a las posibles titulaciones de territorios. En tiempos de capitalismo global, el territorio no puede ser pensado únicamente como un espacio delimitado, no es suficiente”.
Dejando en claro que “Hay que tener en cuenta los procesos de desterritorialización y reterritorialización. Si no se acuerda un calendario con plazos, y revisable, para la transición energética continuaremos impactando los territorios indígenas con energías fósiles, no renovables, con graves consecuencias ambientales y desastrosas secuelas para los pueblos indígenas”.
“Si estamos en lo cierto de la necesidad de cambiar la matriz energética, entonces el proceso de conversaciones no puede durar 15 días. Hay que construir un calendario con objetivos claros y con etapas. Todo ello tiene que ser revisable. Ahora es el momento oportuno para introducir esta temática. No se trata de copiar únicamente términos de otros escenarios y aplicarlos a la situación. Es preciso inventar un lenguaje apropiado que se adecúe a la realidad. Es difícil, pero es completamente necesario. Lo que se está haciendo en estos momentos para “limpiar”, “remediar”, “reparar”, “rehabilitar” y “restaurar el paisaje” (señalamos únicamente la complejidad de los términos) de los derrames en el Oleoducto Norperuano, es ingenuo por muchos motivos. No tiene en cuenta el stress provocado en los peces y los cambios morfológicos en los mismos: carapa más gruesa, úlceras… Es decir, localizar la limpieza únicamente en el lugar donde ha ocurrido el derrame es absurdo. Implica un desconocimiento mayúsculo de los ecosistemas. Los peces no son plantas, se mueven, han huido, pero han sido agresivamente impactados. Considerar Monterrico, San Pedro… y los demás puntos de derrames como espacios delimitados, es obsceno. Deja fuera a las comunidades intermedias que también han sido poderosamente maltratadas en su pesca. De igual modo, es absurdo no reconocer que este tipo de desastres impacta fuertemente en la reproducción de los peces (¿y en humanos?). Para nuevas situaciones necesitamos nuevas palabras”.
Acotando, “Para concluir, bienvenidas las conversaciones en Saramurillo. Es preciso organizar escenarios nuevos que permitan avanzar en las conversaciones. El Estado debe evitar “dar concesiones” cicateras a los indígenas. Estos últimos son igual de ciudadanos que los blancos. No están en juego concesiones, sino derechos. Y los derechos se ejercen y se reclaman. En ello se juega la democracia y la justicia. Continuaremos atentos a todo este proceso”. (MIPR)




