- Investigadores estiman que existen cerca de 8 mil hectáreas de canteras abandonadas solo en el eje carretero y desarrollan una técnica de “islas de fertilidad” para recuperar estos frágiles ecosistemas.


El Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana (IIAP) viene desarrollando trabajos para restaurar áreas de varillal degradadas por la extracción de arena, principalmente en el eje de la carretera Iquitos-Nauta, donde se estima que existen cerca de 8 mil hectáreas de antiguas canteras abandonadas.
El ingeniero Tony Vizcarra Bento, investigador del IIAP, explicó que los varillales son bosques que se desarrollan sobre suelos predominantemente arenosos, con poca materia orgánica y condiciones que no resultan apropiadas para una agricultura sostenible. Pese a estas características, cumplen importantes funciones dentro del ecosistema amazónico.
Una de ellas está relacionada con la conservación del recurso hídrico. Debido a las características del suelo, la arena funciona como una especie de esponja que permite absorber y conservar agua, por lo que la degradación de estos ambientes puede generar impactos que van más allá de la pérdida de la cobertura vegetal.
El especialista reconoció que la arena constituye un recurso necesario para el crecimiento urbano y la construcción en Iquitos, pero advirtió que su aprovechamiento debe realizarse responsablemente. El problema se presenta cuando las canteras son explotadas y posteriormente abandonadas sin acciones destinadas a recuperar el terreno.
Según las investigaciones realizadas, una cantera severamente degradada puede permanecer entre 50 y 60 años, e incluso más tiempo, sin recuperar naturalmente sus condiciones originales. La extracción deja terrenos con escasa fertilidad, altas temperaturas, poca disponibilidad de agua y, en algunos sectores, únicamente capas endurecidas conocidas localmente como “peña negra”.
Ante esta situación, el IIAP empezó a trabajar desde el año pasado con una metodología denominada “islas de diversidad” o “islas de fertilidad”. La estrategia consiste en crear pequeños espacios dentro de las áreas degradadas donde se concentra materia orgánica y se introducen especies vegetales propias de los varillales.
De esta manera, en lugar de realizar plantaciones convencionales sobre toda la superficie —que tendrían pocas posibilidades de sobrevivir debido a las condiciones extremas del terreno—, los investigadores generan pequeños microhábitats que pueden favorecer progresivamente el proceso de restauración.
Entre el año pasado y el presente, el IIAP inició estas experiencias en tres canteras, con superficies aproximadas de tres, 14 y 15 hectáreas. El trabajo también evalúa la respuesta de especies características de estos ecosistemas, debido a que algunas presentan un crecimiento considerablemente más lento que otras.
Vizcarra sostuvo que, si el objetivo es hablar propiamente de restauración, se debe buscar que el área degradada recupere progresivamente las características que tenía antes de la intervención. Otra alternativa para determinadas canteras puede ser otorgarles un uso productivo, aunque esto requiere incorporar cantidades importantes de materia orgánica para mejorar el suelo.
El investigador consideró que la extracción de arena no puede analizarse únicamente desde una perspectiva ambiental, debido a su importancia económica y a la demanda generada por el crecimiento de la ciudad. Por ello, planteó que el aprovechamiento del recurso debe estar acompañado de procedimientos que reduzcan los impactos y establezcan responsabilidades para la recuperación posterior de las áreas intervenidas.
Finalmente, señaló que la restauración de los varillales requiere la participación conjunta de instituciones públicas, gobiernos locales, sector privado, academia y población. El propósito de las investigaciones del IIAP es generar conocimiento y alternativas que posteriormente puedan convertirse en políticas públicas para compatibilizar la extracción responsable de arena con la conservación de estos ecosistemas únicos de la Amazonía. (K. Rodriguez)




