Vemos con estupor cómo la normalidad irresponsable se va apoderando de la ciudad, muy a pesar de las reiteradas y casi suplicantes recomendaciones desde el sector Salud regional y nacional.
Se habla de ir recuperando las actividades por la reactivación económica, además por nuestra propia salud mental, pero no se trata de armar aglomeraciones y sin el uso correcto de las mascarillas que finalmente van a parar cubriendo la barbilla o el cuello.
Es como si poco nos importara la vida ajena y claro, como si tampoco importara nuestra propia vida. Esa es la lectura de la podemos llamar la “otra normalidad”.
Eso en referencia a una normalidad hipócrita porque los protocolos de bioseguridad los cumple a medias o con total incorrección en diversas reuniones sociales, cumpleaños, parrilladas, restaurantes y otros.
La nueva normalidad correcta es aquella que en busca de la reactivación económica respeta los aforos, el uso de doble mascarilla, el lavado permenente de manos, el uso de protector facial, la distancia social mínima de metro y medio.
Nos preguntamos, qué nos pasa ? Acaso no somos los seres pensantes entre todos los animales de la especie humana, que podemos discernir mucho mejor, analizar, evaluar, priorizar las acciones en nuestras vidas, etc.
La nueva normalidad ha sido tergiversada, mal entendida o interesadamente acomodada a los objetivos mezquinos de nuestra propia forma de ser. De verdad que queremos equivocarnos y que este lapsus masivo sea revertido por el cumplimiento fiel de todos y todas con las medidas sanitarias que siguen vigentes.
Lo Último
Otra normalidad
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