Faltan apenas ocho días para que termine la campaña electoral y llegue el momento en que cada ciudadano deberá convertir sus expectativas, preocupaciones y esperanzas en una decisión frente a las urnas. Es un tiempo breve, pero suficiente para detenernos un momento y preguntarnos qué estamos buscando realmente cuando elegimos a nuestras próximas autoridades.
Una elección no debería reducirse a rostros conocidos, colores partidarios, slogans, regalos, simpatías personales o promesas repetidas hasta el cansancio. Detrás de cada voto existe una responsabilidad. Elegir significa entregar durante varios años la conducción de instituciones que tendrán decisiones directas sobre nuestras calles, servicios públicos, seguridad, salud, educación, infraestructura y oportunidades de desarrollo.
Por eso, estos últimos días deberían ser también días de reflexión. El ciudadano tiene derecho a escuchar a todos, revisar sus propuestas, conocer sus antecedentes, observar cómo han actuado quienes ya ocuparon cargos públicos y preguntarse si aquello que ofrecen tiene sustento y puede realmente cumplirse. No se trata solamente de saber quién encabeza una encuesta, sino de comprender qué representa cada alternativa.
La encuesta de intención de voto realizada entre el 18 y el 24 de septiembre muestra precisamente una fotografía de un momento determinado del proceso electoral. Pero ninguna encuesta puede reemplazar la voluntad expresada en las urnas. Las preferencias pueden cambiar, los indecisos pueden tomar una decisión y, finalmente, será el voto ciudadano el que determine el resultado.
En estos ocho días también corresponde evitar que la política nos divida al punto de convertir al adversario en enemigo. Podemos tener preferencias diferentes y, aun así, compartir una preocupación común: que Loreto tenga autoridades capaces de asumir los problemas que durante años han quedado pendientes. La democracia necesita ciudadanos que participen, pero también que sepan escuchar y respetar las decisiones de los demás.
Un voto consciente no significa necesariamente pensar igual que el vecino. Significa votar después de informarse, comparar y asumir que las consecuencias de esa decisión serán colectivas. Significa no entregar el voto únicamente por amistad, emoción, presión, publicidad o una promesa momentánea.
Ocho días pueden parecer poco, pero todavía existe tiempo para mirar más allá de la propaganda y preguntarnos qué Loreto queremos construir y quiénes consideramos preparados para asumir esa responsabilidad. El día de la elección cada ciudadano estará solo frente a su cédula, pero las consecuencias de esa decisión las compartiremos todos.
Que estos ocho días no sean solamente el tramo final de una campaña. Que sean también los días finales de reflexión de un elector consciente, informado y responsable. Porque votar es un derecho, pero hacerlo pensando en el futuro de nuestra región es, sobre todo, una responsabilidad.
Lo Último
Ocho días para decidir
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