La percepción ciudadana es que ante el inicio del invierno amazónico donde las lluvias serán más frecuentes, ello ocasionará que los trabajos en las diversas obras que realizan las autoridades sean municipales, de la región o de otras entidades, se verán afectadas de tal modo que disminuirán su ritmo (las que realmente avanzan), no se reiniciarán o quedarán paralizadas.
La preocupación es válida puesto que experiencias pasadas así lo dicen, y los constructores lo saben, los comités de licitaciones también al momento de realizar su trabajo y evaluar las condiciones técnicas de los procesos constructivos, pero hasta ahora no se ha visto cómo los criterios lleven a armonizar con las condiciones climatológicas.
En realidad ante tanta tecnología y creatividad, nada tendría que retrasar las construcciones, puesto que tendrían que estar establecidas en una especie de contingencia climatológica dentro de los costos de los mismos. Es el caso que vimos en una de las televisoras internacionales, cómo se techaban los espacios donde se desarrollaba la obra de unas pistas, también de una carretera y de un estadio, de tal forma que se minimizaba los efectos de las lluvias y así el tiempo de ejecución pueda cumplirse.
Entonces cada realidad tiene que crear sus propias condiciones para que los trabajos constructivos que realicen no sufran retrasos extremos por efectos de la naturaleza que bien conocemos es parte de nuestro clima y vida. Cómo afrontarlos es el reto. Pero, vemos que pasan los años y como si no aprendiéramos la lección, se repiten las historias de atrasos y hasta averías a lo avanzado.
Seguro una expresión suspicaz puede murmurarse en el sentido de que a sabiendas se permite sucedan estas complicaciones en los procesos constructivos porque se presentan los atrasos, justamente, que darían lugar a las famosas adendas. Una especie de presupuesto complementario por lo que la naturaleza (lluvias) podría haber afectado a la obra. Nadie es culpable. Por supuesto que no. Es el efecto clima. Efecto que desafía nuestra inteligencia y nos vence porque no le damos solución.
Nuestra vida armónica con la naturaleza en toda actividad humana es un desafío constante, pero podemos caer en negligencia cuando se vuelven repetitivas y no tenemos alternativas que no nos perjudiquen. O quizás no buscamos las soluciones en función de la excelencia, porque la calidad puede darse en un corto o largo plazo inútil, mientras que la excelencia califica el más alto nivel de optimización. Veremos qué pasa en esta temporada de lluvias.
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