Ahora que el Gobierno acaba de remitir al Poder Legislativo un proyecto de ley para constituir el nuevo ministerio, debe remarcarse la urgencia de modernizar el aparato de apoyo social. Al respecto, es oportuno que el economista Kurt Burneo -actual ministro de la Producción y quien asumiría la conducción de la nueva cartera- haya anunciado que esto no perjudicará la caja fiscal, pues los programas sociales que están en manos de la PCM o en el Ministerio de la Mujer pasarán al de desarrollo e inclusión social con todos sus presupuestos.
Sin embargo, no debe olvidarse que no es la primera vez que los programas sociales cambian de manos, pero sin resolver los problemas de fondo: desordenada y burocrática administración, filtraciones escandalosas de personas que no pertenecen al grupo objetivo, duplicación de esfuerzos y hasta corrupción. Luego, también, el país está cansado de que estas formas de asistencialismo sean utilizadas, como ha sucedido reprensiblemente en el pasado, como vías de clientelaje político, para ganar votos, pagar favores de campaña o mantener incondicionalidades.
Le tomamos la palabra al presidente del Consejo de Ministros, Salomón Lerner Ghitis, quien ha anunciado que este ministerio tendrá un papel rector, no asistencialista y orientado a explotar el componente productivo de los programas sociales.




