Hemos ingresado al mes de octubre, el décimo mes del año vinculado a los milagros que podríamos experimentar siendo devotos del justamente “Señor de los Milagros”, que como la historia religiosa nos cuenta, es el mural del Cristo que soportó uno de los fuertes terremotos en Lima, quedó intacto y fue asociado a un milagro divino.
Nace entonces la tradición de venerar la imagen que estaba pintada en una pared y que una réplica es paseada por los fieles cristianos en las ya muy famosas procesiones del mes de octubre o mes morado, que incluso ha trascendido a través de compatriotas que viven fuera del país, en remotos lugares del mundo.
Iquitos y los pueblos de Loreto en general no son ajenos a esta tradición traída desde Lima y que los testimonios de milagros a lo largo de los años que van pasando, le han ido dando vigencia y cada vez más seguidores que en oración buscan un milagro del también conocido como el “Cristo de Pachacamilla”.
Lo primero que se nos ocurre al pensar en un petitorio de milagro es que la pandemia termine, que el virus del Covid-19 se autodestruya, que desaparezca, que huya como el enemigo que perdió la guerra y avergonzado se esfuma velozmente.
La gran pregunta es, si estamos limpios de espíritu como para tener el derecho a la dación de un milagro. Si para acceder a recibir la hostia que nos permite llevar el cuerpo de Cristo hacia el interior de nuestro organismo, exige pureza de obra y corazón, aunque muchos nos hacemos los desentendidos y nos lanzamos a comulgar solo para que nos miren y nos cataloguen como buenos católicos.
Parece que tuviéramos a Cristo mirándonos y nos dijera “hipócritas” que hacemos casi nada para evitar la contaminación de la tierra, generadora de virus y bacterias dañinas para la sobrevivencia humana, y así, estamos queriendo milagros para borrar el daño que hacemos al ecosistema.
Es el momento de más oración y ofrendar al Señor nuestros buenos actos, cambiando las actitudes que destruyen y que prime el amor al prójimo, la solidaridad, recordando que del polvo venimos y al polvo regresaremos, sin nada material. Entonces esperemos el milagro misericordioso del Dios del universo. Unidos lo lograremos.
Lo Último
Milagro décimo
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