El ejercicio del derecho, debería comenzar por respetar la libertad, condición por la que dieron su vida grandes líderes y millones de personas que prefirieron morir antes que vivir arrodillados y sojuzgados.
Los deberes, nunca deberían tener el sello de la obligatoriedad, para que ahí se dé en efecto, el ejercicio de la libertad.
Antes, los jóvenes, tenían que sufrir la humillación de ser arrastrados al camión cuando había la llamada leva para cumplir con el servicio militar obligatorio. Eso se acabó y, es por eso que ahora, el servicio militar es voluntario, régimen que también ha incorporado a la mujer a labores militares, superando así el tiempo en que ellas estuvieron tradicionalmente exentas de cumplir con ese deber.
Igual medida debería adoptarse para el ejercicio del voto en las elecciones. Países de alto nivel cultural, no consideran la obligatoriedad de votar. El ciudadano es libre de adoptar su decisión. Si quiere votar, se inscribe para ejercer su voto. Nadie le obliga. Y otra, sería, la que está pidiendo la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) al Congreso de la República, debatir el proyecto de ley para que los electores voten en centros de sufragio próximos o cercanos a sus domicilios, con lo que se solucionaría el gran problema de los ciudadanos que el día de las elecciones tienen que trasladarse lejos de sus casas. Peor aún es la situación de quienes viven en nuestra región, lejos de los centros poblados mayores, de los caseríos, de las capitales distritales o de las ciudades grandes, que tienen que viajar en cualquier medio durante horas, sino días, para cumplir con la obligatoriedad de votar, porque de no hacerlo, le ocasionará serios y complejos problemas como es afrontar la condición de no poder ejercer la ciudadanía.
La población electoral espera que esta vez, los congresistas hagan su trabajo, que es dar leyes a favor del pueblo, como es el caso que nos ocupa.
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Libertad y obligatoriedad
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