Con el concepto que manejan ciertos constructores de obras públicas de hoy, ninguno de los grandes edificios, ninguna de esas magníficas creaciones de los arquitectos del pasado, ninguna de las antiguas gambotas que hasta hoy están en funcionamiento como la alcantarilla de la calle Arica que nunca ha ocasionado inundaciones, por citar un solo ejemplo, la iglesia matriz no estaría en pie y hermosa, el local del legendario centro escolar 161 ubicado en la esquina de Raimondi con Nauta, menos aún el Hotel Palace existirían como bellos monumentos de nuestro pasado histórico.
Cuando la justicia llama a los responsables de una obra pública mal hecha, donde el elevado presupuesto no justifica una construcción que en un par de años está cuarteada o la pista desgranada, quienes tuvieron a su cargo la ejecución de la misma argumentan que el deterioro se produce por el término de “la vida útil de los materiales” empleados.
Semejante conclusión a que llegan, no puede ser sino el razonamiento de un incapaz, de alguien coludido con aquel que entra de autoridad para llenarse los bolsillos.
Si los ciudadanos vamos a aceptar tan explicación, estamos perdidos y si la justicia, cuando de aplicar las sanciones correspondientes, va a permitir la validez de la tesis de “la vida útil de los materiales de las obras”, los habrán tomado de tontos útiles.
Como medio periodístico debemos poner sobre aviso a las nuevas autoridades, para que en la realización de las obras exijan el estricto cumplimiento del expediente técnico y que no se suplanten los materiales considerados por otros de menor calidad, para que la obra bien construida permanezca al servicio de la colectividad por largo tiempo.
Y que, finalmente, “la vida útil de los materiales de las obras” no sea de un par de años.
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La vida útil de los materiales
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