El Perú y los Estados Unidos de América conmemoran 200 años de relaciones diplomáticas, las cuales se establecieron oficialmente el 2 de mayo de 1826. Asimismo, el pasado mes de abril, el Banco Central de Reserva del Perú puso en circulación monedas de plata alusivas a esta conmemoración del bicentenario, sellando los lazos de unidad y hermandad entre ambos países.
Esta vinculación se ha podido certificar a lo largo de nuestro proceso civilizatorio con las diferentes intervenciones de norteamericanos, muchos de ellos de manera silenciosa, quienes han contribuido de manera notable con el desarrollo de nuestra sociedad desde finales del siglo XIX hasta la actualidad.
A continuación citaremos a algunos de ellos, como Jhon Randolph Tucker, quien fue comandante en la Armada de los Estados Unidos y navegó las aguas del río Amazonas como contralmirante en la Armada del Perú, llegando a ser presidente de la Comisión Hidrográfica Peruana de la Amazonía, contribuyendo con la exploración y cartografía de la cuenca alta del río Amazonas. Junto a él viajó un joven peruano llamado Leoncio Prado y dos compatriotas de Tucker. Su valiosa contribución para reafirmar la presencia del Estado en la Amazonía hizo que le denominaran el Almirante del Amazonas. Este proceso se consolidó en la década de 1860 a 1870.
El año 1907 llegó al Putumayo Walter Hardenburg, un ingeniero estadounidense que laboraba en la construcción de los ferrocarriles. Fue el primero en publicar y redactar de manera cruda y real las atrocidades de la época del caucho en una revista londinense llamada Truth (Verdad) y en 1912 publicó un libro titulado The Devil’s in the Paradise (El Paraíso del Diablo). Este testimonio obligó al gobierno británico a enviar al diplomático Roger Casement, quien certificó las valientes denuncias de Hardenburg en el British Blue Book (Libro Azul Británico). Todo este valioso material fue el sostén para que el premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa escribiera la novela El Sueño del Celta.
El año 1914, el médico norteamericano George Converse era uno de los pocos galenos que radicaba en nuestra ciudad y tenía su consultorio en la calle Malecón Orellana N.° 116 (Casa Wesche o Strassberger). Fue él quien hizo un petitorio a las autoridades locales para que de manera inmediata empezaran los trabajos de alcantarillado, con el fin de tratar de frenar la alta mortandad infantil debido a la fiebre amarilla, ocasionada por la abundancia de charcos y aguas estancadas en las calles, que eran el principal foco infeccioso de alto riesgo para la salud.
Asimismo, se encontró que ese mismo año en nuestra ciudad ya se había establecido el Consulado de Estados Unidos de Norteamérica en las instalaciones del recién inaugurado y lujoso Hotel Palace, con dirección en Malecón Orellana N.° 30, como consta en la Guía de Iquitos, y que tenía como función proteger y asistir a los ciudadanos americanos que vivían o estaban de paso por nuestra urbe.
El año 1926, los esposos misioneros y enfermeros Ferdinand y Ana Stahl se dedicaron a evangelizar y brindar asistencia médica en la ciudad de Iquitos y sus alrededores. Enseñaban a labrar la tierra y a formar educadores. Empezaron con una pequeña y precaria posta médica; hoy, la clínica Ana Stahl desarrolla una activa labor social enfocada en la proyección comunitaria y el apoyo a poblaciones vulnerables. Se estima que este año, por su centenario, brindarán cientos de consultas médicas y cirugías gratuitas con el soporte de médicos de Centura Health y de la clínica Good Hope.
Entre los años 1943 y 1944 tuvimos como residentes a Hank y Dot Kelly, quienes eran una pareja de esposos y diplomáticos que narran de una manera generosa su vivencia en la ciudad de Iquitos en un libro autobiográfico llamado Dancing Diplomat, que años más tarde el padre Joaquín García presentó como Memorias de un Cónsul Americano en Iquitos. Hank era graduado de Harvard University y vicecónsul de EE.UU en Iquitos durante la Segunda Guerra Mundial, y Dot, su esposa, había trabajado en la Embajada de Estados Unidos en Lima.
Las muestras de gratitud de la sociedad iquiteña hacia esta pareja fueron únicas, dejando una huella tan profunda que, cuando tuvieron que partir hacia Chile, la sociedad loretana no encontró otro modo de expresar su cariño que celebrar una fiesta en el Club Iquitos denominándola “De loros a pingüinos”, condensando el cambio de clima del mundo en que vivían con el congelado que les esperaba (Padre Joaquín García).
Peter Jensen fue un antropólogo y geógrafo americano que fundó Explorama Lodges en 1964. Al llegar a Iquitos quedó fascinado por la selva amazónica y creó la empresa que lidera los albergues de turismo en toda la Amazonía peruana. Muchos le recuerdan como un visionario del sector turístico. Sus cenizas se esparcieron en lo alto de los puentes colgantes que él construyó en la maleza del río Napo. En la actualidad, Explorama cuenta con cuatro albergues y brinda trabajo a más de 150 familias.
El sacerdote y médico estadounidense John McCarthy es recordado por su profunda labor sanitaria en la cuenca del río Napo. Estableció las bases para que los pueblos ribereños del río Napo cuenten con servicios médicos y albergues para pacientes. Su calidad humana gestionó el traslado, alojamiento y tratamiento de miles de nativos y pobladores vulnerables hacia centros de salud en Iquitos y Lima. El reconocido pediatra Camilo Ruíz Garay conoció a McCarthy el año 2002 y le recuerda como un referente en su vida y formación médica: “Fue un hombre excepcional que navegaba hasta lo más lejano de los puntos fronterizos donde el Estado aún no llega, solo para atender médicamente a las personas más desvalidas. Asimismo, financiaba los estudios de muchos jóvenes ribereños que no tenían recursos económicos”.
Pamela Bucur nació en Connecticut y es profesora de profesión. Llegó a Iquitos el año 1986 con un grupo de alumnos americanos que estuvieron a su cargo. Al siguiente año regresó como voluntaria para participar de los trabajos en Explorama. Ahora es una de las mujeres que lidera esta empresa y que continúa el legado de Peter Jensen. Bajo su responsabilidad están los programas de “Adopta una escuela”, que atienden a más de dos mil niños con útiles escolares de manera anual para mejorar la educación en las cuencas del río Napo y del bajo río Amazonas. También mejora la calidad de vida de los pobladores, facilitando el acceso al agua potable a más de 40 comunidades.
Estamos seguros de que la lista es larga, con nombres de más estadounidenses que día a día vamos conociendo por la excepcional labor que hacen en nuestro territorio y en bien de la comunidad amazónica.
(Jorge Linares).
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La presencia de los Estados Unidos en la Amazonía peruana
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