La Paloma pasajera, la Gamitana y otras especies en peligro

Por: José Álvarez Alonso

Casi todo el mundo sabe que algunas especies carismáticas están amenazadas; algunos -generalmente grandes y hermosos animales- son estrellitas de los medios: el oso panda, las ballenas, el tigre asiático… En Perú, son bastante conocidos el oso de anteojos, el pingüino de Humboldt, el mono choro de cola amarilla… La gente tiende a creer que basta con conservar algunas poblaciones en reservas o zoológicos para garantizar la supervivencia de la especie. Sin embargo, muy poco se habla de la erosión genética de las especies sometidas a intensa explotación desde hace siglos, y poco de la enorme pérdida económica y ecológica que significa su desaparición de muchos ecosistemas.

Respecto a la erosión genética: quizás parece un tema difícil de entender para los no iniciados, pero es algo que afecta o puede afectar seriamente la supervivencia de muchas especies y ecosistemas, y en definitiva al ser humano. Casi todos saben qué es la endogamia: cuando parientes muy cercanos se casan o reproducen entre sí, tienen a aparecer rasgos «recesivos», y nacen individuos con defectos congénitos, como malformaciones, deficiencias mentales, descenso en las defensas inmunitarias y otras discapacidades. En islas o valles muy aislados donde en el pasado existían problemas de comunicación se produjeron tasas excepcionalmente altas de personas subnormales y discapacitadas, fruto de la endogamia. Por eso, desde los albores de la humanidad ha existido el tabú del incesto y del matrimonio entre parientes cercanos; algo similar existe entre los animales, que tienen ciertos comportamientos para evitar la endogamia.

En la Amazonía peruana, debido a la caza y la pesca excesiva, las poblaciones de algunas especies han sido reducidas de tal modo que peligra su diversidad genética. En algunos casos las poblaciones han sido totalmente fragmentadas y aisladas entre sí, lo que es un escenario perfecto para el desastre endogámico. Cuando se reduce una población excesivamente, muchos genes valiosos desarrollados a lo largo de la historia evolutiva de la especie y dispersos entre sus poblaciones se pierden, y los individuos supervivientes son más susceptibles a enfermedades y a los cambios naturales o provocados por el hombre. El cambio climático que se nos viene encima incrementa estas amenazas para las especies sobre explotadas. Según los expertos, muchas especies desaparecerán porque debido a las barreras impuestas por la deforestación, las vías de comunicación y otras infraestructuras, no podrán emigrar buscando mejores condiciones, o simplemente no podrán adaptarse a los cambios ambientales.

Por otro lado, genes valiosos que podrían ayudar a mejorar genéticamente especies en el proceso de domesticación (especialmente plantas, pero también animales) se pierden y con ellos la oportunidad de desarrollar variedades más productivas, resistentes a enfermedades, o con otras cualidades deseadas.

Entre las especies amazónicas en situación más delicada por la reducción masiva de sus poblaciones podemos citar: manatí o vacamarina, charapa, maquisapa, lobo de río, piurí o paujil carunculado, paiche, gamitana y paco. Entre las plantas ya está en esa situación la caoba, y pronto se dice que le seguirán el cedro y la lupuna. La mayoría de estas especies están reducidas a poblaciones pequeñas y aisladas en áreas protegidas grandes (especialmente la R. N. Pacaya – Samiria – RNPS) o en zonas muy remotas; es decir, están en serios problemas, y pese a los esfuerzos por protegerlas sus poblaciones distan mucho de recuperarse.

Algunas de ellas, particularmente la gamitana, el paco y la charapa, cuyas poblaciones fueron numerosísimas en el pasado, parecen afectadas por lo que los científicos conocen como el «Efecto Allee»: sus tasas de reproducción y de supervivencia dependen directamente de la densidad de la población, y decrecen con el decrecimiento de la misma. En algunos casos, ciertas especies exhiben en un tamaño o densidad críticos, por debajo de los cuales la población declina de forma inexorable y no se puede recuperar. Esto contrasta con las especies con poblaciones pequeñas, donde las tasas de reproducción y de supervivencia se elevan a bajas densidades, debido a la menor competencia por alimento y espacio entre individuos de la misma especie: un ejemplo son los sajinos, cuya tasa de natalidad y supervivencia crece a bajas densidades.

Para explicar esto pondremos el ejemplo de la ‘paloma pasajera’ de Norteamérica: fue probablemente el ave más numerosa del Planeta, y a mediados del siglo XIX se calculó su población en 2,000 millones de aves. Anidaban en colonias de hasta 60 km de largo por varios kilómetros de ancho. Esta paloma fue cazada masivamente para abastecer la demanda de carne de las ciudades (en 1878 un comerciante envió al mercado tres millones de aves desde la última colonia conocida). Las poblaciones declinaron tan rápidamente que la última paloma pasajera silvestre fue vista en Michigan en 1891, y la última cautiva murió en un zoo en 1914.

Los científicos quedaron intrigados por el fenómeno, porque otras especies menos numerosas y también cazadas intensamente no sufrieron tal destino. Fue entonces que descubrieron que el éxito reproductivo de esta y otras especies dependía directamente de la densidad y tamaño de sus colonias. Colonias pequeñas sufren tales tasas de depredación que no consiguen mantener la población. Algunos expertos consideran que la charapa, la gamitana y el paco están entre esas especies posiblemente afectadas por el «Efecto Allee». En el pasado fueron abundantísimas, y sus concentraciones reproductivas (mijanos en el caso de peces) fueron gigantescas, a decir de las referencias históricas. Sus poblaciones, hoy reducidas al mínimo en Loreto y restringidas en gran medida a la RNPS, no se recuperan a pesar del esfuerzo de los manejadores y las comunidades organizadas.

Es necesario y urgente investigar más los cuellos de botella biológicos y ecológicos que impiden la recuperación de estas especies, y mientras tanto, proteger estas poblaciones como si del tesoro de los Incas se tratase: un día representaron una importantísima fuente de proteína, y de ingresos, para los amazónicos -el primer producto de exportación de Loreto, antes que el caucho, fue el aceite de huevo de charapa, y la carne de gamitana y paiche -, y fueron un elemento importante en los ecosistemas inundables, como dispersores de semillas, controladores de vegetación. Hoy están «económica y ecológicamente extintas», es decir, su número está tan reducido que no significan gran cosa ni para el ecosistema ni para la economía regional. Son demasiado valiosas para dejarlas reducidas a un recuerdo en una reserva, o para dejarlas en manos de unos ineptos que no quieren o no saben manejar los recursos de la región. En algunos casos, ciertas especies exhiben en un tamaño o densidad críticos, por debajo de los cuales la población declina de forma inexorable y no se puede recuperar.

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