En el Perú, ser joven y buscar trabajo todavía parece una prueba de resistencia: el INEI reportó que el desempleo juvenil de 18 a 29 años llegó a 11,3%, más del doble que en adultos de 30 a 44 años, donde fue 5,0%. Detrás de ese porcentaje hay rostros, familias y sueños detenidos: jóvenes que estudiaron, que quieren trabajar, que no piden regalos, solo una oportunidad real.
En la Amazonía el golpe es más hondo, y en las zonas de frontera es peor: allí no solo falta empleo, también faltan carreteras, conectividad, institutos técnicos, presencia del Estado y mercados que compren lo que la juventud puede producir. Un joven amazónico de frontera no compite en igualdad; muchas veces empieza la carrera desde el abandono.
El Estado debe entender algo simple y brutal: la juventud no es “el futuro”, es el presente que se está perdiendo. Urgen empleos verdes, educación técnica, internet, inversión productiva amazónica, apoyo al emprendimiento y presencia real en frontera. Porque cuando un joven se queda sin oportunidad, no fracasa él: fracasa el país. (Julio Javier Kahn Guzmán – Coordinador del Centro Internacional Juvenil Guardianes de la Patria).
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“Juventud en frontera: el Perú que espera una oportunidad”
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