El reconocimiento otorgado a los 118 jueces y juezas de paz de Loreto no solo premia el cumplimiento de una meta estadística. Detrás de esos números existe un enorme esfuerzo de hombres y mujeres que recorren comunidades alejadas para garantizar que la justicia también llegue a quienes viven en los rincones más apartados de la Amazonía.
Al ocupar el primer lugar en la Amazonía y el segundo a nivel nacional en el reporte de información, la Corte Superior de Justicia de Loreto demuestra que las dificultades geográficas no son un obstáculo cuando existe compromiso con el servicio a la población.
Los jueces de paz cumplen una labor fundamental. Resuelven conflictos familiares y vecinales, promueven la conciliación, dictan medidas de protección en casos urgentes de violencia y, donde no existen notarías, también brindan servicios que facilitan la vida de miles de ciudadanos.
Su trabajo representa, muchas veces, la única presencia del Estado en comunidades nativas, caseríos y zonas de frontera. Gracias a ellos, muchas personas pueden acceder a una solución rápida y pacífica sin tener que recorrer largas distancias para hacer valer sus derechos.
Este reconocimiento de la Oficina Nacional de Justicia de Paz y Justicia Indígena también debe servir para impulsar mayores inversiones en capacitación, conectividad y recursos, de modo que estos magistrados puedan desempeñar su labor con mejores condiciones y mayor respaldo institucional.
Felicitar a los jueces y juezas de paz de Loreto es reconocer a quienes, con esfuerzo y vocación de servicio, acercan la justicia a quienes más la necesitan. Su trabajo fortalece la confianza ciudadana y demuestra que una justicia cercana, humana y oportuna es posible incluso en los lugares más remotos del país.
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Justicia que llega donde nadie más llega
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