- Como en la zona baja de Micaela, donde muchas familias han tenido que abandonar sus humildes casas.


Lo dejan todo y se van de agregados. Otros no tienen familiares donde ir y soportan todas las complicaciones de vivir sobre la inmensa creciente que los rodea. Como en la zona baja de Micaela.
Ayer se captó todo un poblado en la zona cercana a la bocatoma de agua de Sedaloreto, del río Nanay; que ha partido del lugar con sus animalitos, cosas materiales a otro lugar, dejando únicamente sus casas levantadas con materiales endebles y pobres.
Desde lejos el panorama se presentaba solo, baldío, triste, fantasmal, casi como muchas calles en la época de pandemia covid. Ni un alma por el lugar. Quizá retornen en el mes de julio o agosto a querer levantar sus viviendas. Como el ave fénix. Resurgir de las aguas del Nanay.
Las inundaciones en Iquitos son un problema recurrente, principalmente debido a las fuertes lluvias, la deforestación y la falta de sistemas de drenaje adecuados. Estas inundaciones afectan especialmente a los distritos de Punchana, Belén, Iquitos y San Juan Bautista, donde hay asentamientos humanos en zonas propensas a la inundación estacional.
Como ya se manifestó en nota anterior, el río ha superado su nivel máximo de caudal, lo que ha provocado dichas inundaciones.
“La región ha ingresado a una etapa crítica del llamado invierno amazónico, una temporada de intensas lluvias que ha provocado un crecimiento acelerado del caudal de los principales ríos de la Selva. Según reportes del Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología del Perú (Senamhi), el río Amazonas ya alcanzó niveles por encima de su promedio histórico, ingresando oficialmente en “Alerta”.
Lo que afecta con especial intensidad a la ciudad de Iquitos y sus alrededores, donde miles de familias viven en zonas bajas o bajiales, áreas que ya están siendo invadidas por las aguas. El panorama no solo ha generado preocupación por los daños materiales, sino también por las posibles consecuencias sanitarias derivadas de una inundación de desarrollo lento.
En ese sentido, estas cifras confirman lo que ya se observa a simple vista en varios sectores de la ciudad: calles anegadas, viviendas con ingreso de agua y una presión creciente sobre los servicios públicos, en particular en el abastecimiento de agua potable y saneamiento.
El impacto es múltiple. Además del desplazamiento temporal o permanente de familias, la crecida del Amazonas también genera condiciones propicias para el aumento de enfermedades transmitidas por el agua o vectores como el dengue. La acumulación de residuos, la dificultad para mantener la higiene básica y el deterioro de los cultivos son algunas de las consecuencias que ya se sienten”, señalan los especialistas.





