Un sorpresivo operativo al interior del penal de Guayabamba llevado a cabo por el Ministerio Público, donde se requisó armas punzocortantes, droga y otros elementos prohibidos, pone en evidencia que la seguridad no está siendo bien llevada por los encargados de verificar el ingreso de las visitas, quienes son las que se ingenian para ingresar cosas que ponen en riesgo la vida y la salud de los internos.
Cuchillos, tijeras y navajas son armas que en un abrir y cerrar de ojos pueden desatar un clima de violencia incontrolable que muchas veces ha terminado hiriendo de gravedad o segando la vida de los que arreglan sus cuentas de tal manera.
Se supone que en un penal, el reo va a cumplir la condena que le ha impuesto la sociedad por haber hecho un acto que la ley castiga y, al mismo tiempo, a aprender a controlar ese comportamiento que lo ha llevado a delinquir.
La rehabilitación del interno que, después de purgar los años de encierro, sale en libertad, se verá cuando éste dedique su tiempo a trabajar honradamente para así ganarse el sustento diario dignamente.
Pero si vamos a seguir manteniendo a los presos en las mismas condiciones que en la calle, no hemos hecho nada con condenarle al encierro. Permitir que tengan a la mano elementos que pueden causar mucho daño a los demás y a él mismo, es totalmente irresponsable, por lo que el INPE debe ser estricto en el ingreso de las personas que van de visita al penal y hacer un seguimiento a quienes tienen autoridad para estar en contacto con los internos, porque pueden ser ellos los que cumplan comisiones pagadas para abastecer de un sinnúmero de cosas a la gente que está privada de su libertad,
El Ministerio Público a través de la Fiscalía de Prevención del Delito no debe dejar de hacer este tipo de incursiones en el penal, a fin de resguardar la seguridad de los que permanecen en su interior.
De esa forma no vamos a tener que lamentar hechos irremediables en el futuro.




