Una cifra habla de más de 2 mil personas de diversos pueblos indígenas que se han quedado varados en la ciudad de Iquitos al momento que se inició la cuarentena por el Covid-19 en el país. Desde entonces, sobreviven como pueden y con algunas ayudas solidarias.
Este numeroso grupo de personas que están dispersas en locales, ambientes de organizaciones y casas de familiares y amigos, no tienen claro qué va a ser de su vida, por lo menos hasta que termine la cuarentena, debido a que no tienen ni la alternativa de tomar una embarcación fluvial e irse, porque no está permitido.
Las autoridades municipales a cuyas jurisdicciones pertenecen, tampoco se han pronunciado ni los han empadronado por lo menos para saber quiénes y de qué pueblos de sus distritos son y las necesidades que están requiriendo cubrir, para solicitar apoyo, sea al Estado o también a organizaciones humanitarias.
Es el caso de los 80 miembros de la etnia Matsés que se encuentran en los ambientes de la institución educativa Simón Bolívar por la calle Putumayo, que se encuentran durmiendo sobre carpetas, en el piso y sin la debida orientación de protección. Son situaciones que no comprendemos porque se descuidan habiendo una gerencia regional de Asuntos Indígenas.
Lo que se tiene que precisar también es que hay loretanos mestizos también varados en diversos pueblos como Pebas por el bajo Amazonas, en Santa Rita de Castilla por el río Marañón y en la comunidad de Miraflores por el río Tigre, etc. que no tienen ninguna alternativa para regresar a sus lugares donde viven dentro de la misma región.
Las autoridades de la dirección regional de Transportes y Comunicaciones ya deben estar coordinando con Capitanía de Puerto para que con los protocolos de protección que señalen las normas legales, se den pautas para la movilización de estas personas. Es parte del ejercicio de aprender a convivir con el coronavirus hasta que haya la cura precisa y la vacuna.
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