Varias lecciones seguimos recibiendo de la etapa de pandemia, que ya vamos por más de dos años de lucha desigual porque no todos acatamos de la misma forma las medidas preventivas, pero esos muchos que no acatan son los primeros en quejarse por todo.
Si hacemos un repaso al iniciar la pandemia en marzo del 2019 y se vino la cuarentena que casi todos acatamos y nos metimos a nuestras casas al punto que, si por alguna situación tuvimos que salir en la noche, nuestras calles parecían de una ciudad fantasma.
Luego pasaron las semanas y vino el relajo o en todo caso un buen porcentaje de la población que vive del día a día estaba igual que la pandemia en emergencia familiar porque se tenía que salir a trabajar para llevar el sustento a la casa, todo bien, pero con la mascarilla, el lavado de manos y el distanciamiento social, como una de las medidas.
Fue en esa etapa que muchos se relajaron y no siguieron las recomendaciones, ni siquiera el mínimo requisito de portar la mascarilla, pero a esas mismas gentes al caer enfermos estaban gritando en los centros y postas por una atención de emergencia porque seguro sentían que la vida les estaba esquivando. Ese momento ya no decían “no que pongo la mascarilla y qué”. Por supuesto que también al hospital fueron a parar personas que sí tenían cuidados, pero eso es otro tema.
Entonces tenemos que no me cuido, pero cuando voy al hospital me hago la víctima y armo mi show. Fue una de las conductas incoherentes. Se dieron miles de muertes y de personas que lograron vencer al mal.
Otra de las incoherencias es respecto a la educación virtual y remota. Si no puedo ir a enseñar a través de alguna modalidad porque se tiene alguna enfermedad y por razones de la directiva debo hacer trabajo virtual te quedas en casa, pero hay docentes que simpe y llanamente no hacen ni lo uno, ni lo otro. Dicen son vulnerables, sin embargo, les ubican en la calle somo si estuvieran de vacaciones. Y esto es una forma de corrupción, también.
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Incoherencias en pandemia
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