Las Olimpiadas Especiales del Club de Leones y su labor de salud recuerdan que servir a la comunidad exige compromiso y acciones concretas.
La inclusión no debe quedarse en palabras ni limitarse a una fecha del calendario. Se demuestra cuando una sociedad abre oportunidades para todos, respeta las diferencias y reconoce que cada persona tiene derecho a participar y desarrollarse. Bajo ese principio, el Club de Leones de Iquitos se prepara para realizar una nueva edición de las Olimpiadas Especiales “Félix Wong Ramírez”, una iniciativa que merece el respaldo de las instituciones y de toda la población.
Desde 2011, esta actividad ha reunido a niños y niñas de los Centros de Educación Básica Especial (CEBES) y de los Programas de Intervención Temprana (PRITES). A lo largo de los años, las olimpiadas han demostrado que el deporte puede convertirse en una herramienta de integración, aprendizaje y reconocimiento. Las ediciones anteriores, retomadas después de la pandemia, han mantenido vivo el propósito de brindar espacios donde los participantes puedan demostrar sus capacidades y compartir experiencias en igualdad de condiciones.
La programación de este año, del 23 al 27 de noviembre, contempla competencias de vóley, atletismo, pintura, gateo, fútbol mixto, balonmano, natación y un festival de danzas. Pero el verdadero resultado no se medirá solamente por las medallas entregadas, sino por la alegría de los participantes, el acompañamiento de sus familias y la oportunidad de que la ciudadanía comprenda que la discapacidad no elimina los talentos ni las posibilidades de desarrollo. Por eso, la asistencia del público y el compromiso de las autoridades son fundamentales para que esta jornada tenga el impacto que merece.
Sin embargo, la inclusión también exige mirar más allá de los escenarios deportivos. La reciente campaña médica realizada en Santo Tomás puso en evidencia necesidades que no pueden pasar inadvertidas. Según lo informado por la presidenta del Club de Leones, Sonia Pasquel Silva, se detectaron nuevos casos de diabetes y se atendió a 85 niños, entre quienes se encontraron problemas de parasitosis, anemia y desnutrición. Estas situaciones obligan a prestar atención a las condiciones de vida de la población, especialmente a la falta de agua potable, que favorece la aparición de enfermedades y expone a los menores a riesgos evitables.
El valor de esta campaña no está únicamente en las consultas realizadas, sino también en la identificación de pacientes que desconocían su situación y en su derivación para recibir atención. Ese seguimiento es indispensable para que la ayuda no termine cuando los profesionales de la salud abandonan la comunidad. Al mismo tiempo, los hallazgos evidencian que las campañas solidarias, aunque necesarias, no reemplazan la responsabilidad del Estado de garantizar servicios básicos, prevención y atención médica oportuna. La salud de los niños debe ser una prioridad permanente, no una preocupación ocasional.
Las Olimpiadas Especiales y la campaña médica representan dos formas de servicio que merecen continuar y fortalecerse. Una promueve oportunidades y respeto; la otra permite identificar problemas de salud que requieren respuestas concretas. Ahora corresponde que las autoridades, las instituciones educativas, el sector sanitario, las empresas y la ciudadanía acompañen estos esfuerzos con acciones sostenidas. Una sociedad demuestra su verdadera grandeza cuando no deja atrás a quienes necesitan mayores oportunidades y cuando convierte la solidaridad en compromiso. Esa es la inclusión que Iquitos debe defender todos los días.
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