El concepto de progreso se puede medir de distintas maneras, desde el aspecto económico nuestra región tiene un alto porcentaje casi del 50 % de pobreza monetaria, pero si monetizamos los recursos naturales se puede asegurar que tenemos en potencia mucho dinero.
Estamos frente a un laberinto de planes de desarrollo que no sabemos a dónde nos quieren llevar, en realidad, no vamos en una dirección coherente porque todos se disparan con sus criterios sin que haya una coherencia.
Tenemos necesidades urgentes que se expresan de diversas formas, es como claman desde las comunidades y pueblos rurales que también necesitan de proyectos de agua y desagüe, porque no hay derecho que sigan abasteciéndose de ríos y quebradas que no son aguas tratadas para ser aptas para el consumo humano.
Si bien hay procedimiento de asentar el agua y echar unas gotas de cloro o lejía para un tratamiento casero, no es lo ideal, necesitan mayor garantía para la salubridad. Similar exigencia con el desagüe porque los silos pueden ser una alternativa temporal, pero no debería ser de por vida, más aún si existen sistemas y tecnología que puede resultar mejor.
Lo que vemos a lo largo de los años, es una especie de insistencia en aparentar ser bonitos, que las zonas urbanas y rurales se vean maquilladas, pero eso está lejos de un básico ideal de desarrollo, porque lo que necesitamos para crecer con solidez es que todos hayamos satisfecho nuestras necesidades básicas, partiendo del agua potable, desagüe con las nuevas normas de tratamiento de las aguas servidas, energía eléctrica y proyectos de donde se genere economía utilizando y transformando nuestros recursos naturales.
Falta que algún candidato se comprometa a plantear que se concentrará en brindar agua potable y desagüe en toda su jurisdicción provincial o distrital, que enfoque los recursos a ese objetivo, porque quizás como no hay mucho presupuesto apenas le alcanzaría para cumplir con ello, aunque no haga más, quizás sea repudiado, pero si logra hacerlo en el tiempo será recordado como un visionario, que es de lo que, al parecer, carece nuestra actual clase política.
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