Una costumbre que vino desde la experiencia rural de nuestros antepasados y que la vida moderna ha ido desapareciendo, además de la eliminación de las huertas en el diseño de las viviendas urbanas, para hacer de cemento todos los espacios, han terminado con las áreas verdes en el hogar.
Todavía lo tenemos un poco claro en la mente las huertas con sembríos de culantro, ají dulce, sacha culantro, carambolas, tomatitos regionales, plátanos para inguiri, caimitos, mamey, guaba, hojas de bijau, malva, etc; así como la crianza de gallinas, patos y hasta motelos.
Aquellas épocas no están muy lejanas, tan solo a unos 50 años atrás, era la forma cómo las familias tenían un complemento para la alimentación, lo que en la actualidad prácticamente ha desaparecido, aunque va recobrando brillo por el impulso que reciben este tipo de proyectos desde diversas entidades públicas y privadas.
Esto es alentador porque también es una forma de unir a las familias y hacer que los hijos valoren la tierra, la producción, aprendan el directo el origen de ciertos productos para la alimentación en el hogar. Pero, en realidad tampoco que estamos partiendo de cero, ya en los últimos años la también llamado agricultura familiar viene recobrando fuerza y qué mejor si se dan impulsos.
Se puede observar en los espacios libres del frontis de muchas casas de Iquitos que han sembrado plátano, determinados frutales como papayas, mangos, cocos, plantas ornamentales; realmente una combinación interesante por iniciativa de los mismos vecinos, quizás muchos recordando décadas pasadas.
Esto del cultivo en la zona urbana prácticamente se estaba perdiendo y que bueno que convirtamos a nuestra ciudad en la Capital Ecológica de América, donde se combine la modernidad de infraestructuras de cemento y fierro con el verdor que crece tan generosamente en nuestra zona tropical.
Son acciones que nos ayudan a valorar nuestras potencialidades, a amar lo que tenemos, nos ayudan en muchos sentidos hasta en la armonía en el vecindario, la solidaridad, el compartir lo que uno produce y el otro no, un intercambio que ayuda a la salud mental, a la paz interna.
Recuperemos nuestro gentilicio querendón, orgulloso de sus orígenes, realizando actividades que quizás nos hicieron creer que es despreciable, craso error, es lo más bello que tenemos. Levantemos cabeza y reafirmemos nuestra loretanidad.
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Huertos productivos
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