Como padres y madres de familia, o como responsables de la crianza de un adolescente o joven que están en riesgo de caer en el consumo de estupefacientes, nos resulta muchas veces difícil aceptar que alguno de nuestros hijos e hijas pueda estar en el problema de adicción a drogas ilícitas.
Los y los que ya pasamos la base cuarenta sabemos que el tránsito de la juventud a la adultez es un trance de mucho riesgo, donde además se combina la soberbia del ser más joven y que están con la mente fresca en comparación de los “viejos” cuyos consejos es poco tomado en cuenta.
Ataca con diferente intensidad a cada uno de los jóvenes, pero toma desprevenidos a los más vulnerables en el aspecto emocional y que en cierta debilidad sucumben en el consumo quizás primero por “curiosidad”, “moda” o “copiones”, para luego convertirse en un grave problema de adicción.
Estamos frente a una situación que se inicia con el cultivo de coca y marihuana, tráfico de drogas y lavado de activos, y el problema social que afecta mucho a la situación de los hogares que es tener a uno de los miembros como consumidor de alguna de las drogas.
Son muchos puntos de venta y de consumo entre los cuatro distritos que conforman la ciudad de Iquitos, donde con descaro total están consumiendo ya no solamente durante la noche y madrugadas, también en plena luz del día y nadie hace nada, ni siquiera a sus familiares se les ve intentando rescatarlos, o tal vez ya lo hicieron y se han resignado.
Lo que también se va observando es que por lo menos unos diez con los que nos cruzamos en diferentes calles de Iquitos, son adictos que han alcanzado una gravedad con alteraciones mentales y deambulan como “locos” hasta semidesnudos, sucios, con la mirada perdida.
Estas personas sí se pueden recuperar, empezando por los consumidores que están todavía cuerdos y no se han vuelto rateros contra su propia familia para comprar la droga; para estas personas urge proyectar un centro público para personas adictas a las drogas, hasta combinando medicina y terapia occidental y la tradicional.
Y dentro del mismo centro de rehabilitación considerar a los adictos que por voluntad propia no van a ir a internarse, que se niegan a la idea de recuperación por lo que es necesario aplicar la fuerza con autorización del familiar que corresponda. Evitemos que se normalice ver a este tipo de personas en las calles que es inhumano y peligroso.
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