- Un nuevo periodo del gobierno regional y gobiernos locales, está por fenecer y no se ha mejorado en nada la crisis mental en que están inmersas muchas personas.



La vida apresurada de estos tiempos, parece no reparar en aquellos seres humanos que deambulan por las calles de Iquitos, presentando alteraciones en su conducta, sin que nadie se acerque a extenderles un puente para que puedan ser llevados a un centro a fin de contar con ayuda especializada.
Unos cuantos tienen esa suerte. Pero en esta ciudad, capital de la Amazonía, de Loreto, la mayor parte no tiene esa posibilidad de recibir apoyo clínico. Los seres humanos con la mente extraviada, caminan frente a todos. Desnudos o con harapos. Parecen no sentir calor o frío.
Otros aparecen durmiendo en las veredas, no necesitan más que un cartón donde echarse. Y a veces, ni eso. Hace unas semanas, este medio de comunicación presentó fotos de un joven, totalmente desnudo andando por las calles céntricas.
Hoy, se presentan imágenes de una jovencita, absolutamente desnuda. En apariencia, no llega ni a los 30 años. Caminando sin zapatos en un día de sol recalcitrante. No agredía a nadie, no hablaba nada. No miraba a nadie. Parecía que estaba participando en un concurso de belleza. Erguida, orgullosa, desinteresada a lo que ocurría frente a ella.
DEFENSORÍA DEL PUEBLO
Una vez que tomó conocimiento del caso, lanzó una alerta y trató por todos los medios de dar con la joven a fin de llevarla a un establecimiento donde se pueda recuperar. Pero ese es solo uno de los casos que se vienen presentando en esta ciudad.
Un rato después, se captó a un joven con una trusa harapienta. Sentado a pocos metros de la plaza de armas. Todos vemos a diario esas imágenes. ¿Pero qué hacer? ¿Qué proponen las futuras autoridades? Se espera que en los futuros debates puedan exponer alguna alternativa humana para todos ellos.
Y ojo, las enfermedades mentales son comunes. Si no que en algunas personas se acentúan más que en otras. Son muchísimas las personas que experimentan problemas de salud mental cada año. Lidiar con una enfermedad mental puede sonar aterrador, pero es importante recordar que estos trastornos son tratables.
Las personas diagnosticadas con estas enfermedades pueden vivir vidas plenas y gratificantes, especialmente si buscan tratamiento según sea necesario. Aunque la responsabilidad final recae en la persona que vive con la enfermedad, los miembros de la familia pueden ser un recurso invaluable para quienes enfrentan enfermedades mentales graves. ¿Y cuándo no hay familiares?
Es ahí donde deben entrar a tallar los profesionales, las entidades dedicadas a recuperar la salud mental de las personas que la perdieron. Hay recursos para ayudar a las personas que tienen problemas emocionales, solo hace falta tener más empatía con ellas. Y las autoridades tener más decisión en construir espacios libres para ellos. No cárceles.
PIENSAN EN CONSTRUIR CÁRCELES
Y así como piensan construir algunos centros penitenciarios en terrenos grandes por la carretera Iquitos Nauta, a fin que los internos se rehabiliten y puedan incorporarse a la sociedad, ¿por qué no piensan en construir un gran centro de rehabilitación mental para quienes ahora están muy afectados emocionalmente?
¿Por qué no? Ya no será un albergue tipo manicomio, puede ser un albergue hermoso, con profesionales que ven esas enfermedades, con presupuesto y medicamentos (que son caros) que bien puede entregar el ministerio de salud, como lo hace ahora.
Lo que pasa es que años pasados cerraron el Centro de Readaptación del Enfermo Mental de Iquitos (CREMI) o la “granja psiquiátrica” porque decían, que era un modelo “manicomial”. De manicomio. Y era verdad. Era terrible. Pero ahora, puede ser diferente.
Ahora en Iquitos-Loreto, ya existen muchos profesionales como psicólogos, psiquiatras, técnicos de salud, enfermeros, tantos especialistas que bien podrían laborar en un centro respetado y que brinde condiciones adecuadas a las pacientes con alteraciones mentales.
En el CREMI los pacientes sembraban sus hortalizas y tenían una piscigranja, donde criaban peces que luego les servía para su sustento, además de hacerlos sentir útiles contribuyendo a su rehabilitación.
Después de desactivar la llamada “granja psiquiátrica”, llevaron a los pacientes a un ambiente del hospital regional, donde no hay nada de lo antes mencionado. Ellos caminan, dan vuelta y siguen caminando, hasta que llega la hora de dormir, la hora de despertarse, de desayunar, almorzar, comer y nuevamente dormir. Es como si vivieran en una eterna pandemia. No salen. O cárcel, aunque suene fuerte decirlo.
Las casas de refugio generan gastos anuales, que bien podrían reducirse al estar todos juntos en un solo ambiente empático con los pacientes y los familiares. Donde las personas afectadas puedan salir, respirar aire fresco, cargado de oxígeno amazónico limpio. A la par de realizar actividades como se menciona líneas arriba.
¿No sería inmensamente mejor dormir en un cuarto, aunque sea pequeño, con gente que los cuide, antes que dormir a la intemperie, bajo el sol intenso o lluvia constante, sobre veredas llenas de orines y deposiciones, con la compañía de animales como sus únicos guardianes?
¿Es mucho pedir? ¿O estamos escribiendo locuras? Creemos que no.
(Luz Marina Herrera Lama).





