En varios temas locales, regionales y nacionales como que estamos en un compás de espera silencioso. Tenemos las calles de la ciudad que va avanzando su culminación un poco lento, pero ya se ve gente trabajando. En lo regional la lucha indígena de las cinco cuencas esperan resultados de la PCM, y a nivel de país las firmas para el referéndum siguen su trámite.
Cómo nos hubiera gustado que las autoridades que están de despedida realmente hubieran trabajado unidas para el beneficio del pueblo, estaríamos con una ciudad mejor en imagen y otros aspectos, partiendo de la rectoría que significa el gobierno regional hacia los gobiernos locales provinciales y distritales. Nada de ello hemos visto, o casi nada.
Son cuatro años más de nuestras vidas que solo han servido en el tema de gobernanza, para reafirmarnos que las autoridades políticas de turno no tienen el liderazgo suficiente como para renunciar a tentadores apetitos de poder y de sospechoso enriquecimiento. Y si la cabeza está torcida, todos los que están más abajo se contagian, sino, “cuál es la mía”, frase tristemente célebre en los pasillos de la corrupción loretana, similar al idioma de los “verdecitos” limeños.
Estamos como en una tensa calma, como esperando el desenlace de acontecimientos que nos pueden llevar a una ebullición o a apelar a soluciones menos traumáticas. Eso en el nivel regional, como que renace muy en el fondo de nuestro ser humano, que el mañana sea mejor, o que un efecto cualquiera no ponga en el camino nuevas autoridades capaces de sentar las bases para la solución de los problemas que tenemos.
Soñar no cuesta nada. Muchas veces se dice, veremos qué pasa. Aunque muchos promocionan el voto nulo o el viciado. Se acerca el día de decidir y la invocación a conocer más a los candidatos y quienes les rodean antes de elegir, es una mezcla entre lo real y lo subreal. Uno nunca saben cómo son, murmuran en los pueblos, pero a todos les digo que sí y me dan mi polo, “tengo de todos los grupos” expresan ingenuamente adultos que ensayan ser ciudadanos.
Y la espera sigue siendo silenciosa a diferencia de otras campañas políticas extremadamente ruidosas, apabullantemente “regalonas” en los mítines de concursos, con música, bebidas, tragos, etc., y casi nada de decir cómo haremos realidad tal o cual propuesta o proyecto. Eso aburre. Sí pues, cuando no buscamos hacerlo didácticamente pedagógica, o porque no les conviene decir la verdad. “La gente quiere que le mientan”. Otra frase infeliz.
Mientras los hermanos indígenas de las cinco cuencas están a la espera que los votos mayoritarios de la PCM, figurativamente, se inclinen a favor de una aplicación técnica masiva con presupuesto real en beneficio de la salud de los presumiblemente miles de intoxicados que requieren atención especial o diferenciada.
Lo Último
Espera silenciosa
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