En determinadas esquinas, un letrero mal ubicado en un viejo poste reza: prohibido arrojar basura bajo pena de arresto. El pobre pedazo de triplay donde están pintadas estas palabras, no da para más, También está próximo a convertirse en un trozo más del montón de basura acumulada en la pestilente esquina.
No hay arteria de la ciudad donde no existan desperdicios caseros, un festín diario para perros y gallinazos, incubadoras de epidemias, de enfermedades que harán de los niños que juegan en las inmediaciones, sus primeras víctimas.
El servicio de recojo de la basura del vecindario de Iquitos y distritos aledaños es totalmente pésimo. La protesta de la gente es del diario, lo que es el reflejo del malestar que se vive, por el que hay que pagar a las municipalidades.
¿A quién no le molesta cuando le cobran por algo que no satisface sus expectativas? Los problemas cotidianos ya no solamente son los ineficientes servicios de agua potable y luz eléctrica, se ha sumado a ellos el recojo de la basura.
La empresa que hoy tiene a su cargo el recojo de los desperdicios domiciliarios, da la impresión que no está lo suficientemente capacitada o en condiciones de ofertar este elemental servicio porque no cuenta con las suficientes unidades móviles, lo que ha debido tener en cuenta cuando tomó a su cargo los activos de esta empresa.
Pero a decir verdad, Iquitos siempre ha padecido de un deficiente servicio de baja policía. Nunca se ha podido mantener limpia la ciudad, permanentemente. De eso adolecemos por siempre.
Otro punto que debe tenerse en cuenta es que la población no ha tomado debida conciencia de cómo manejar los desperdicios de la casa, porque hay muchos vecinos que arrojan su basura a la calle como algo normal. Y eso debemos cambiar, mediante una campaña educativa que debería comenzar por los niños en los centros iniciales para que, en el futuro, las nuevas generaciones no sigan cometiendo los errores nuestros.





