Expresó Álvaro Ique Ramírez, escritor de las obras: “Cuneccia Tropical” e “Iquitos Lesbo”.
Ayer se le pudo hacer una entrevista en el corazón de la Plaza 28 de Julio, diríamos qué en una mañana poética, bajo la lluvia y sin importar nada más que su palabra. Estuvo presente en el encuentro el joven escritor loretano Patrick Pareja Flores.
“Hay una cosa desconcertante en Iquitos, en el sentido de que aún se puede creer que resurja una buena poesía. Los jóvenes en quien confío, a pesar de la indolencia cultural de acá, lo pueden hacer. Lo otro es que hay una pesadez para hacer el trabajo literario intelectual, pero debemos estar un tanto felices por los nuevos grupos que están saliendo y lo hacen diferente a las anteriores camadas. Eso es bueno, hay una renovación”, dice Ique.
¿Y cómo eran las anteriores camadas, cómo así se inclina por la literatura?
-Provengo de la lectura de los libros que había en casa, siempre los hubo, en la calle Bermúdez 654. Mi padre fue un vagabundo, de la rama de los Ique siempre fueron vagabundos. Él llegó acá joven del Brasil, radicaba en un pueblo “TEFé”, cerca de Manaos. Era el segundo de a bordo de un barquito y mi madre trabajaba desde muy joven en la librería “Villique”, que ahora ya no existe.
En esos tiempos los barcos necesitaban permiso de capitanía (como hasta ahora), entonces se tenía que redactar el permiso en papel Sello Sexto y éste lo vendían en la librería. Ahí mis padres se conocieron, él conoció a la mujer más hermosa de la tierra, y hasta ahora mi madre lo sigue siendo. Los dos se flecharon. Él partió al día siguiente y al año regresó. En esa época había que pedir permiso a los padres y él se aventuró.
Estuvimos instalados en casa de los abuelos, algo maravilloso, uno podía quedarse escuchando y reinventando cuentos con mi abuelo. Mi padre me traía libros y me decía que hablaríamos de ellos al volver. Fue una manera muy interesante de introducirse a ese mundo de las letras, de los personajes.
¿Hay mucha literatura amazónica, rescatable?
-Hay pésima literatura amazónica. Escarbando se encuentra algo rescatable. Hay que decir las cosas como son. A la literatura no se le puede poner adornos. No hay que esconder lo que tiene la ciudad. Un escritor no enseña nada, no es su tarea enseñar nada, hay que pescar la realidad y fabular la realidad. Lo encantador de la literatura es que es ficción montada sobre la realidad y eso es tremendo.
¿Nadie ha llevado ninguna de sus obras al teatro?
-Soy un apestado, no soy bienvenido acá. Sin embargo, no es por testarudez, sino por convicción que sigo escribiendo y los sigo presentando acá. Son trabajos hechos en Lima. Sigo trabajando, ya tengo dos más.
No me pongo plazos, ha ido circulando mi trabajo y cada año los publico, pero no es que tengo que fijarme fechas. Se me hizo un hábito escribir dos libros a la vez. Eso fluye.






