La devoción por el Señor de los Milagros, es la más grande manifestación de fe del mundo católico. La procesión de la imagen de Cristo en la cruz, no dolo es acompañada por fieles peruanos sino por extranjeros residentes y venidos especialmente para la ocasión de diferentes latitudes del mundo.
Considerada como milagrosa, desde aquel 13 de noviembre de 1,655, día que un terrible terremoto azotara Lima destruyendo gran parte de la capital peruana, volviendo escombros a edificios y templos de la época, la imagen del Señor, pintada por el esclavo angoleño Pedro o Benito Dalcon sobre una rustica pared de adobe, permaneció intacta. Ese día nació la devoción que se ha mantenido en crecimiento constante y se mantendrá por los siglos venideros.
Desde entonces, nunca hubo en el mundo cristiano una demostración tan grande de fidelidad y agradecimiento a la imagen que ha obrado milagros en personas que se entregaron en alma y corazón al Señor, poniendo sus dolencias y desventuras en sus manos.
Hoy, 31 de octubre, el anda del Señor de los Milagros saldrá por última vez a las calles para bendecir a esta colectividad que padece mil y una dolencias como sociedad, como ciudadanía que necesita de su Luz Divina para llegar al corazón de sus dirigentes para que se desempeñen como servidores de las nobles causas en defensa de los sagrados intereses del pueblo, para que la soberbia de paso a la humildad y el buen actuar.
Como medio de comunicación, identificados los anhelos y esperanzas de Loreto, nos unimos en una plegaria ante la imagen del Señor, rogando para que nos devuelva la tranquilidad que antaño nos identificó como pueblo hospitalario, digno y respetuoso.




