Tratándose de un proceso que por su naturaleza merece especial atención en cuanto a su desarrollo, nadie imaginó que la famosa prueba toxicológica esgrimida por la señora Fujimori, para hacer ver que ella nunca había consumido ningún tipo de estupefaciente, era un libreto burlesco y ridículo que sólo sirvió para hacer ver cómo el ansia de poder puede llevar a quienes lo ambicionan, a una situación que raya en la mentira y el ridículo.
En efecto, a casi todos los votantes del país les pareció que el gesto de doña Keiko debería ser imitado por los demás aspirantes al sillón presidencial, nadie en realidad puso en tela de juicio la aseveración de la candidata, pero una mentira política de acuerdo a su magnitud, a los pocos momentos o días se vuelve anciana y cuando se descubre la realidad, el autor o autores del infundio, sin ningún rubor, justifican lo injustificable.
Resulta que en un programa televisivo presentado el domingo que pasó, especialistas en análisis referidos al consumo de drogas, explicaron ampliamente sobre tal medida que aparentemente debería revelar si el paciente que se somete a tal prueba, mediante un análisis del cabello, ha consumido o consume drogas prohibidas.
El dictamen del especialista señaló que tal prueba o análisis permite determinar si el examinado ha consumido estupefacientes cuatro o cinco días antes del examen, pues dicha prueba no revela si el paciente lleva tiempo consumiendo, por lo que el plazo para detectar tal consumo es el que se ha señalado líneas arriba, el resto es puro cuento.
Tal hecho no lo dudamos, pasará a la historia de los procesos electorales como acto anecdótico y simplón, pero aquí bien vale señalar que se ha cometido una burla contra el electorado, sobre todo de aquella masa que por primera vez participa en un proceso que por su calidad merece una atención especial en su desenvolvimiento, y sobre todo el respeto de los protagonistas de una justa que nos permitirá una nueva forma de gobierno.






