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EL EJEMPLO DEL PADRE JEAN MARC MERCIER Y LOS ANGOTERANOS.

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En 1982, bajo la dirección del Biólogo James Beuzeville Zumaeta, continuando un programa de establecimiento de piscigranjas en zonas rurales y de fronteras nos dirigimos a la localidad de Angoteros, en el río Napo. Encontramos en esa a uno de los mejores misioneros, tanto desde el punto de vista espiritual como promotor del desarrollo económico y social: el padre Jean Marc Mercier. Él fue un gran facilitador para que nuestro equipo convenciera a los amigos de esa localidad para establecer una piscigranja comunal, que no fue un mito, sino una realidad, más realidad que cualquier pájaro que anda volando de uno a otro sitio. Después de un trabajo de capacitación al estilo del educador brasilero Paulo Freyre, ubicamos un pequeño ojo de agua que por gravedad se deslizaba suavemente por una pendiente longitudinal adecuada y se encajaba entre dos lomas de aproximadamente 30 metros de ancho. Después de dos meses de trabajo, teniendo a Marcelino Casanova como líder de los constructores, inauguramos un estanque de 3,000 metros cuadrados. Sembramos, para iniciar, 3,000 gamitanas estabuladas en el centro de Quistococha y regresábamos de vez en vez para ver cómo avanzaba el asunto. La visión de Jean Marc sobre este asunto y sobre otras actividades que él promovía, como el aserradero portátil que tenía en comunidad, fue excelente y salvadora. Juan Marcos, como después se bautizó, creía en el trabajo comunitario, creía en la autogestión y en el autofinanciamiento, como lo dijo una vez mi querido maestro el padre José María Arroyo. La piscigranja sirvió de mucho a los habitantes de esa zona y, especialmente, como una bendición fue una especie de salvación cuando ocurrió la tremenda contaminación ocasionada por un movimiento en las alturas del río napo, en la zona del Ecuador, en 1984. La piscigranja sirvió como fuente de agua para beber, previamente tratada, porque las aguas del rio eran demasiado turbias y muy contaminadas. Los peces que se criaban y que se sembraron inicialmente y los que pusieron de los mijanos se utilizaron en la comida de las numerosas familias del lugar y de otros sitios. Toda esta piscigranja comunal daba alimento en momentos de gran crisis por un desastre natural, que creo que debe ser tomado como ejemplo por aquellas comunidades que tienen posibilidades de construir y manejar estos cuerpos de agua como medida de contingencia. Juan Marcos y los angoteranos tenían agua suficiente almacenada para tomar y asearse, tenían peces, tenían yuca, plátano, fariña y otros alimentos que cultivaban. Este ejemplo debe ser aplicado en aquellas zonas cercanas a las petroleras para que en algún momento puedan abastecerse y vivir con dignidad y no estar pidiendo agua y alimentos en una zona donde pueden producir y almacenar para momentos difíciles. Aprendan de Jean Marc Mercier, que fue el que dio la bienvenida al santo padre, este tipo de sacerdotes con proyección y con visión para adaptarse a un mundo globalizado necesitamos en estos momentos. Si las piscigranjas comunales han fracasado, es porque,  no han tenido quien compre sus productos. En 1987, el doctor Juan García, ahora en Brasil, uno de mis pupilos, se dirigió al pueblo de Negro Urco, fue para semana santa y de allí trajo conjuntamente con los moradores de ese pueblo 4 toneladas de pescado (se dice peces cuando están vivos) que se habían sembrado en esa zona hacía dos años, se vendieron a los fieles y los infieles y los moradores llevaron su dinero. El asunto es que se debió proseguir con el programa de sembrar, manejar y comprar y, en esto deben intervenir los gobiernos y las ong, ahora que se puede hacer piscigranjas para exportar paiches, arahuanas, con la metodología validada por el Instituto de Investigaciones de la Amazonía Peruana y otros peces que se producen artificialmente como sucede en Yurimaguas y el VRAE. La cosa es darle valor agregado al trabajo comunal de los indios y mestizos de nuestra Amazonía como se hace en el Brasil y Colombia. Es como si yo tuviese un bar y nadie me compra, lo que hago es cerrar para ver otro negocio. Es así de simple. Aprendamos el ejemplo del padre Jean Marc. Recuerdo muy bien,  en 1986, la expresión sincera de  uno de los hijos de los Notenos cuando vino a expresar su agradecimiento por haberles salvado prácticamente la vida con el establecimiento de esta piscigranja comunal.

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