Develan autorretrato inédito del Protector de la Amazonía y Fundador de Iquitos: Francisco Requena

  • Hallazgo en 482° aniversario del Amazonas.
  • Las pocas imágenes del notable personaje fueron creadas.

Los textos históricos y cartografías del hombre más providencial de la Amazonía son numerosos, no así su imagen real.
Esta semana, concluyó la validación de un reciente hallazgo: el autorretrato de Francisco de Requena, el “Máximo Protector de la Amazonía”, y según la última y más reveladora investigación sobre él (2023), el fundador de Iquitos.
Por más de veinte años, el Dr. Aristóteles Álvarez López, ha estudiado la historia de la Amazonía peruana; labor que le llevó a encontrar los distintos y extraordinarios aportes de don Francisco Requena. Sin embargo, hasta hace unos días, se desconocía físicamente a este personaje. Sólo un par de imágenes imaginadas pretendían ilustrarlo.
El domingo de ayer fue develada su imagen en una ceremonia solemne en el distrito de Las Amazonas, que coincidió con el 482° aniversario del Descubrimiento del Río Amazonas. No se aprecia similitud en las características físicas de las imágenes circuladas con el inédito autorretrato.
Reflexivo, ecuánime y honorable, es lo que transmite la pintura de Francisco Requena quien luce un uniforme a estilo mariscal y, curiosamente, tiene una banda bicolor roja y blanca. Hizo su autorretrato en 1819, a la edad de 76 años.

PROTECTOR DE LA AMAZONÍA Y FUNDADOR DE IQUITOS
Francisco Requena y Herrera Mazalquivir, Orán (Argelia) 1743 – Madrid, 1824, fue geógrafo, teniente general, científico, comisario de fronteras y consejero de Indias.
Hijo del coronel andaluz Francisco de Requena y Molina, en 1758 ingresó como cadete de infantería en la academia militar de su ciudad natal. Dotado de una buena inteligencia, mostró grandes dotes para las matemáticas, obteniendo siempre una calificación sobresaliente. Tales cualidades no pasaron desapercibidas en la plaza, por lo que el general al mando le nombró ingeniero voluntario. En este empleo trazó el plano general de Orán y sus castillos, y se encargó de las obras de Rosalcázar y otras fortificaciones. Dos años más tarde, Requena fue ascendido a alférez con el título de delineante de ingenieros, año en el que fue enviado a Málaga, desde donde pasó a recorrer y reparar las torres y castillos de la costa de Granada y Almería, así como a construir el castillo de San Juan de los Terreros.
En 1764, siendo alférez de ingenieros, fue destinado a la Audiencia de Panamá, donde trabajó durante casi cinco años, reconstruyendo las fortificaciones de Panamá, Chagres y Darién.
En 1770 el virrey de Santa Fe, Mejía de la Cerda, le envió al Mar del Sur como cartógrafo, para levantar planos de la ciudad de Guayaquil y fortificar el puerto, enviando informes al virrey de Nueva Granada en 1771 y 1772.
Por orden del virrey también elaboró el plano general de la gobernación de Guayaquil. El hecho de haber trabajado durante seis años en Guayaquil le llevó a realizar en 1774 la mejor “Descripción histórica y geográfica” de cuantas existen sobre el Guayaquil colonial, aprovechando las mediciones realizadas por Bouguer, La Condamine, Jorge Juan y Antonio de Ulloa, y la dotó de nuevas ordenanzas municipales.
Entre 1775 y 1779 intervino en la división del obispado de Quito, y más tarde se le encargó la elaboración de los planos del distrito de la Audiencia de esa ciudad.
En 1788, siendo ingeniero ordinario, logró el ascenso al grado de teniente. Llegó a la tierra de los Omaguas, pueblo donde había un gobierno militar nombrado por el Rey. Allí vivió nueve meses, durante los cuales recopiló notas sobre el estado de las antiguas misiones jesuíticas, que utilizó para escribir, al cabo de cinco años, su importante Descripción de Maynas.
Poco después recibió en propiedad la gobernación de Maynas y organizó la IV Partida de Límites, acampando en el pueblo de Ega, a orillas del río Tefe, con el fin de tomar posesión material de varias poblaciones que, en virtud del Tratado de San Ildefonso, correspondían a España.
Allí solicitó al gobernador portugués de Barcella y Tabatinga la entrega de las tierras de la orilla norte del Amazonas. Al cabo de unos meses, los portugueses respondieron reclamando a cambio las fortalezas de San Carlos, San Felipe y San Agustín, lo que podría haber desembocado en un conflicto armado. Sin embargo, el talante decidido y trabajador de Requena le llevó a trasladarse a territorio portugués con el fin de ejercer una fuerte presión para la rendición de la fortaleza de Tabatinga.

IQUITOS Y SU FUNDACIÓN
Francisco Requena (quien la Historia del Perú poco refiere), fue crucial para la defensa de nuestros territorios. Él, en su calidad de primer Gobernador de Maynas, delimitó las fronteras de la Amazonía, sustentándolas en un plano oficial para fines del reino de España. Asimismo, esta misma cartografía reconoce y consigna, por primera vez, a Iquitos como núcleo urbano. A saber, en ningún otro mapa oficial, anterior al de Requena, figura Iquitos con este nombre y en la ubicación geográfica que hoy conocemos, lo que demuestra sin lugar a dudas su reconocimiento como ciudad, y el año de su fundación, revelándose una incógnita desconocida por largos años.
Dicha cartografía, fechada en 1796, acompañó al Informe elevado al rey español Carlos IV, dando cuenta de la situación en que se encontraban los dominios hispanos en la Amazonía, y recomendando que los territorios correspondientes a la Comandancia General de Maynas fueran segregados del Virreinato de Nueva Granada e integrados al Virreinato del Perú, a fin de procurar una mejor administración y defensa frente a las amenazas invasoras de los portugueses.
El original del mapa obra en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América. Posteriormente, el 15 de julio de 1802, el rey Carlos IV de España dictó la Real Cédula que incorporaba estos extensos territorios al Virreinato del Perú. Fue el título jurídico con el que se fundó nuestra República, y que, como señalamos, Ecuador desconoció, dando lugar a la Guerra de 1941.

LOS INFORMES DE REQUENA Y LA REAL CÉDULA DE 1802
Artículo de: Del Río Sadornil, 1803.
El 14 de enero de 1798, una real orden del soberano español nombró a Requena miembro del «Consejo Real Supremo de Indias» y cuando S. M. manda establecer la Junta de Generales Consultiva de Defensa de ambas Indias «le nombra Vocal de ella, en junio de 1802».
Los informes circunstanciados que Requena emitiera en Madrid, con fechas 29 de marzo y 1 de abril de 1799, orientaron la respuesta que Carlos IV recibió en su consulta al Consejo de Indias, el 28 de marzo de 1801, en que se muestra de acuerdo con la propuesta de Requena y manifiesta la necesidad de dar una solución a los problemas planteados. En virtud de estas consultas y otras que se pudieran reseñar y de cuyas respuestas don Francisco Requena fue siempre el portavoz, el rey resolverá por real cédula de 15 de julio de 1802, la creación de un obispado en las misiones de Maynas, sufragáneo del Perú, y que el Gobierno y la Comandancia General de Maynas, con Quijos y Canelo y demás distritos y territorios que se puntualizan en el mismo decreto real, se incorporen al virreinato del Perú, segregándose de Nueva Granada y Presidencia de Quito, «lo que se verificó y cumplió en todas sus partes».
En efecto, cuando en el siglo XVIII era creado el virreinato de Nueva Granada, se incorporaría a esta jurisdicción el territorio situado al norte del Amazonas y parte del Marañón. La realidad geográfica y, si cabe, aún más la realidad histórica, se oponían a esta desmembración artificial. Y así lo hizo ver a la Corona española en su luminoso informe don Francisco Requena, quien había sido, no en vano, durante 17 años, gobernador de Maynas. Siendo vocal del Consejo Real Supremo de las Indias, Requena demostró que, tanto el Marañón como el alto Amazonas, sólo podrían ser atendidos política, cultural y religiosamente, por un lado, y defendidos militarmente con eficacia, por otro, estando bajo la dependencia del virreinato del Perú.
Durante 25 largos años, don Francisco Requena recorrió los ríos de la Amazonia madurando esa solución y el virrey de Nueva Granada refrendó la consiguiente segregación de la provincia de Maynas de su virreinato, para que se incorporara al Perú, tal como sancionó el monarca español, en la real cédula de 1802, lo que vino a confirmar la esencial vinculación de la Amazonia peruana con el resto del país.