Si bien es cierto que la identidad de cada una de las comunidades nativas se debe respetar y, más aún, mantener como soporte cultural, sus pobladores tienen todo el derecho de exigir la presencia del Estado para desarrollar sus pueblos y hacer su progreso como familias.
Dadas las ubicaciones lejanas, estas poblaciones tienen en la Gerencia de Asuntos Indígenas del Gobierno Regional, el camino para llegar a hacer obras en su beneficio comunitario, como mejorar y ampliar los servicios educativos, de salud, agropecuarios, puestos de salud, servicios eléctricos y otros de gran necesidad.
A pesar de la crisis por la merma de ingresos al gobierno regional, el gobernador, ha reiterado su compromiso para continuar con la realización de estos proyectos en las comunidades de las cuencas de los ríos Corrientes, Arabela, Marañón y Pastaza.
En esto, los Núcleos Ejecutores, deben actuar con la mayor transparencia en el uso de los montos asignados para las obras, conscientes de las labores que les fueron asignadas para hacer realidad lo que los indígenas necesitan.
Y si en el desarrollo del trabajo comunitario hay que hacer ajustes, estos deben ser hechos con prontitud para que no se detenga el progreso del pueblo.
Antes, ya se realizaron proyectos similares en otras cuencas, por lo que los pobladores están contentos ya que aparte de los beneficios para todos, hay trabajo para muchos.
Cuando se descentralice la riqueza, cuando se distribuya equitativamente la riqueza, cuando se desarrollen los pueblos por igual, habremos llegado a un modelo de gobierno de libertad y justicia.
Si esta política se mantiene en todos los sectores, el gobierno regional habrá dejado la práctica nociva del centralismo iquiteño, al igual que el centralismo limeño con el resto del país





