Este fin de semana nuestra ciudad de Iquitos estuvo con mucho movimiento por motivo de la celebración del Día de la Madre. Hubo una variedad de formas de pasar esta fecha: en unión familiar, visitando los cementerios, con grupo de parientes, entre amigos, asistiendo a los diversos shows que nos ofrecieron las entidades ediles de los cuatro distritos que conforman la ciudad, asistiendo a fiestas en locales de diversión, o en la sala y vereda de la sala brindando hasta más no poder.
Las primeras horas de la celebración estuvieron llenas de risas, alegría, emociones, lágrimas corriendo por las mejillas, también riendo a viva voz por los infaltables chistes y ocurrencias en el grupo celebrante. Todo bien. En muchos casos llegaron los obsequios, los arreglos florales, las canastas de víveres muy tradicionales en nuestro entorno, y cuanta curiosidad se nos ocurra regalar.
Sin embargo, con mucho lamento hemos sido testigos que la policía ha tenido mucho trabajo este fin de semana, por enfrentamientos, agresiones entre familiares, entre amigos, entre vecinos; tristes espectáculos observados por los niños y niñas, siendo protagonistas hombres y mujeres, jóvenes y adultos. Y tenemos que sentir vergüenza ajena, pues aunque no seamos protagonistas de estas escaramuzas, no quiere decir que estamos exentos de una parte de la responsabilidad social. A todos nos cae en cierta medida.
Cómo poder decir que el Día de la Madre todo fue felicidad, sí, seguro en un porcentaje menor de hogares, o en barrios donde han aprendido a medir sus actos y entender que celebrar no significa hacer que nos convirtamos en una especie de «deshechos humanos», siendo parte de la falta de control, de la indisciplina y arremeter con golpes, insultos y gritos desmedidos, distorsionando toda la buena intención de quien propuso se centrara en un día todo el amor hacia el ser que nos dio la vida, o al ser que sin haberte dado la vida te crió como parte de su ser, con el mismo amor de madre.
Estos desarreglos en nuestra conducta, nos degradan; y, lo que es peor, estamos mostrando a nuestra niñez y juventud que no somos capaces de darles buenos ejemplos, no podemos decirles que nuestra vida es un testimonio de esfuerzo por el bien de nosotros mismos, de la familia y de la sociedad. Estamos a tiempo del cambio de actitud y hacer que nuestros festejos así como empiezan bien, culminen en la misma dirección.
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Desarreglos que degradan
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