- Obispos de todo el mundo iniciaron en Roma el Sínodo Ordinario 2015:
Por: Adolfo Ramírez del Aguila
arda1982@yahoo.com
La familia es la Iglesia doméstica desde el punto de vista de la fe cristiana. En ella, el ser humano recibe los primeros cuidados y junto con la leche materna, recibe su primera educación en la fe. Pero esa familia es terrenal y por lo tanto está a expensas del vaivén de los procesos históricos-culturales que hacen replantear permanentemente su rol como institución. Gracias a esta dinámica, ha sobrevivido por miles de años. Y el contexto actual es complejo, y hasta hay circunstancias en las cuales pareciera que la familia tradicionalmente concebida, tiende a una crisis existencial.
Problemas característicos de estos tiempos, como la crisis económica, el desempleo, la delincuencia, la corrupción, la crisis de valores, la contaminación ambiental, etc. afectan directamente a la convivencia en familia, así los progenitores paguemos todo tipo de seguros. Es imposible hoy en día concebir a la familia como esa burbuja de paz y armonía alejada monásticamente del mundanal ruido.
Y pasando a la realidad específica de la familia selvática, es interesante subrayar que los amazónicos tenemos mucho respeto aún por este estamento social llamado familia. A diferencia de otras latitudes del orbe, en la selva la vida en familia es un valor muy gravitante. Visitar a un tío enfermo, organizar un paseo familiar, celebrar el cumpleaños del abuelo, hacer fiesta por una pedida de mano, celebrar a lo grande cuando hay un matrimonio, brindar por la ishpa de un recién nacido, etc. son acontecimientos que afianzan el sentido familiar de la vida en la floresta amazónica. Claro, no todo es color de rosas, hay separaciones dolorosas, abandono de los hijos, odios entre familiares, alcoholismo de los padres, violación de menores, etc.
Pero la familia tradicional de papá, mamá, hijos, y parientes es sacudida, cuando ciertas ideologías del mundo globalizado nos proponen nuevas modas que a veces se legalizan como: el divorcio, la convivencia pre-matrimonial, la eutanasia, el aborto, el matrimonio gay, entre otros tópicos.
Ante todo este panorama complejo, la Iglesia Católica, a través de sus pastores, los obispos reunidos en Roma, se han vuelto a congregar en un Sínodo para definir el modelo de familia que la fe exige par estos nuevos tiempos: 270 obispos y cardenales de todo el mundo más 18 personas casadas y la presencia influyente del papa Francisco, se están reuniendo desde el domingo 4 hasta el 25 de octubre; tres semanas, para crear espacios de reflexión teológica y pastoral desde la fe sobre el tema de la familia.
Así como hay tendencias y corrientes de pensamiento en la política, la cultura, el arte, la economía o la filosofía, en los predios eclesiales también hay claras posturas doctrinales y pastorales en cuanto al asunto de la familia. Muchos laicos, obispos y cardenales católicos tienen una rigidez mental que les cierra el corazón y hacen primar la ley mosaica sobre el amor de Jesús, la recta doctrina por encima de la misericordia de Dios y entonces, se vuelven más papistas que el papa. Frente a los divorciados vueltos a casar por ejemplo, creen que se debe mantener el castigo legal canónico de la prohibición para comulgar la santa hostia o, frente al matrimonio gay, ni pensarlo siquiera.
En fin, los obispos de todas las corrientes de pensamiento teológico, harán primar la sana doctrina del catolicismo, separando el trigo de la paja, para hacer prevalecer canónicamente el Evangelio sobre las Cartas paulinas, el amor misericordioso de Dios sobre actitudes farisaicas puritanas, el perdón de Dios sobre la condena al pecador, el llamado del corazón sobre la fría razón de la doctrina sin alma. Seguramente no se aprobará el matrimonio gay, pero al menos una actitud evangélica frente a esta nueva opción, nos permitiría avanzar en la configuración de una pastoral familiar más abierta a la preocupación de los hogares.
A propósito del asunto polémico del homosexualismo, en vísperas del sínodo de la familia, el obispo polaco Monseñor Krysztoy Charamsa, miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe, presentó ante los medios de comunicación a su pareja homosexual y reconoció ser consciente de que su revelación supondrá la renuncia a su ministerio.
Efectivamente, hecha la publicación, el portavoz de la Santa Sede, Federico Lombardi emitió un comunicado anunciado que el prelado ya no podrá desempeñar las tareas en la Congregación para la Doctrina de la Fe y tampoco podrá enseñar en ninguna universidad pontificia. El obispo destituido de sus más grandes puestos eclesiales, declaró ante los medios que la actitud del Vaticano es una homofobia desesperada y paranoica y dedicó su revelación “a los muchos sacerdotes homosexuales que no han tenido la fuerza de salir todavía del armario”.
Lo anterior, es el drama de muchas familias en Loreto, en el Perú y en el mundo entero, que cierto día, se enteran que un hijo o una hija tienen una tendencia sexual “fuera de lo normal” y entonces reaccionan homofóbicamente con el castigo y la expulsión. Recuerdo a un cuñado que cuando se enteró que su hermano era gay, le abordó por última vez y le dijo: “Tú no existes para mí, yo hago de cuenta que has muerto”.
Ojalá que después de este Sínodo, nuestra Iglesia salga más unida y más misionera. La preocupación por la familia no solo debe ser un asunto moral, sino social y cultural. Como dice Monseñor Vincenzo Paglia, presidente del Pontificio Consejo para la Familia: “Decir que los jóvenes no se casan porque no se quieren como antes o que las familias se separan porque no son tan fuertes, es una estupidez. El virus de un individualismo egoísta está desquiciando a la sociedad y este mal diluye a la familia. El hombre es el responsable, ayudado por un capitalismo exacerbado del poder, del dinero y de la satisfacción de sí mismo”.
Que Jesús, José y María, la Sagrada Familia, ilumine a nuestros pastores por sendas de una Iglesia misericordiosa. Amén.





