En las carreteras de la costa y sierra del país, así como parte de la selva alta, es casi normal, sobre todo en las dos primeras regiones naturales que se presenten casi a diario accidentes vehiculares con consecuencias graves y fatales para los usuarios.
Un reciente accidente ha enlutado a familias de la región San Martín (Tarapoto), con el fallecimiento instantáneo de cinco menores deportistas al impactar contra un bus de pasajeros el carro particular en el que regresaban a sus lugares de origen. La causa del accidente no se ha difundido, pero generalmente ocurren por la alta velocidad de los vehículos.
Cuántas vidas se han ido demasiado rápido por la irresponsabilidad sea en temas de velocidad, en no respetar las señales de tránsito, por conducir en estado de ebriedad, por excesivo cansancio, por condiciones de desperfecto de los vehículos, como las principales causas de los accidentes con muertes.
Y en nuestra región también ya hemos tenido con inusual regularidad accidentes que nos han reportado muertes en las pistas de la ciudad capital de Loreto, sí como en la carretera Iquitos-Nauta. Esto parece no ha movido mucho el piso ni de las autoridades del sector transporte urbano y carretero, ni de los conductores y pasajeros como sociedad civil organizada.
Ni menos ha motivado analizar con rigurosidad el parque automotor que necesitamos a fin de evitar, por ejemplo, competencias tipo carrera de autos en las pistas urbanas y en la única carretera interprovincial asfaltada que tenemos, poniendo en alto riesgo la vida de las personas.
Antes se decía que las autoridades que se eligen por voto ciudadano prefieren pasar por agua tibia este problema por temor a perder importante caudal de votos en probables futuras elecciones, pero nos resistimos a pensar que sea la única razón de por sí temeraria.
Más bien pensamos que es falta de conocimiento de las posibilidades que pondría significar encarar el problema con la crudeza de su realidad, que si por hoy suenan antipopulares en el tiempo será el mejor referente para el desarrollo de la ciudad y los pueblos de la región loretana, y por supuesto la aprobación general de una ciudadanía en proceso de aprendizaje de esa condición que da la urbanidad.
Uno de los puntos es el control del parque automotor en función de la cantidad de habitantes y el número de vehículos (públicos por ejemplo) que tengan autorización para brindar el servicio y dejar la excusa que el libre mercado no lo permite, y así evitaremos tener un excesivo número de colectivos compitiendo en las calles a velocidades no permitidas por ganarse un pasajero, poniendo en jaque la vida de los usuarios (clientes maltratados y víctimas).
Vemos que sube el pasaje en colectivos, pero el servicio no mejora, al contrario empeora. A ver quién se anima a escribir en la historia decisiones que trascenderán. Pensamos que todos juntos podemos hacerlo, partiendo de las autoridades.
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