Por: Dr. Fernando Tello Celis
En la vida de las organizaciones, como en el de las personas, hay eventos trascendentes que marcan hitos, cuyas repercusiones señalan un rumbo determinado. Cuando en el año 2010 se crea en la UNAP el Centro de Investigaciones de Recursos Naturales (CIRNA), se traza una
línea divisoria entre el antes y el después de la forma de hacer ciencia, tecnología e innovación en la UNAP, sobre la base de los recursos naturales amazónicos, desde la perspectiva unapense.
Primero se instituye un modelo organizacional y de gestión para promover, desarrollar y financiar actividades vinculadas a CTI, osado para nuestro medio pero común en universidades top del mundo entero, en especial del hemisferio norte. La UNAP se atreve a realizar investigaciones ya no pensando en que cada docente debe figurar en una resolución como parte de un proyecto, sino pensando en problemas de envergadura que necesitan ser resueltos para dar sostenibilidad al desarrollo integral regional y nacional, nacen los grandes proyectos de la UNAP seleccionados previa opinión favorable de pares.
El gobierno unapense de aquel entonces planteaba el CIRNA como un modelo piloto para que en el mediano plazo se crearan centros especializados similares como el de Ciencias Sociales, el de Humanidades, el de Ciencias Económicas, el de Enfermedades Tropicales, el de Tecnología e Ingeniería, entre otros.
El CIRNA albergaba también la visión unapense de aquel entonces, de sentar las bases para el futuro posicionamiento científico de la UNAP en los competitivos rankings internacionales, teniendo como columna vertebral una sostenida producción científica y la formación de recursos humanos a nivel de pre y posgrado, para que los resultados de las investigaciones atiendan los requerimientos del sector productivo.
Esta nueva forma de hacer ciencia, tecnología e innovación en la UNAP, no hubiese sido posible sin la visión de futuro del gobierno unapense de ese entonces, que puso a andar el modelo contra viento y marea, y sin el concurso de dos investigadores de primer nivel como el Dr. Gobert Paredes Arce y la Dra. Lastenia Ruíz Mesía.
Han transcurrido cerca de seis años desde ese hito fundacional, y si bien es cierto el CIRNA sigue, no se ha continuado con la implementación del modelo y de la visión institucional conjunta; y en los dos últimos años, el CIRNA ha quedado un poco en el desamparo y se ha desandado mucho de lo andado, a pesar que aún se cuenta con la dirección de la Dra. Lastenia Ruíz. El gobierno unapense de los dos últimos años no ha comprendido aún lo que se buscaba lograr con el CIRNA y los demás centros del modelo organizacional y de gestión de la ciencia, l
a tecnología y la innovación unapense.
Es imprescindible retomar los esfuerzos institucionales andados, para formar capital humano de primer nivel para las actividades de ciencia, tecnología e innovación en la UNAP, tanto en la parte del financiamiento de los posgrados como en el financiamiento de los proyectos del CIRNA y la constitución de los demás centros de investigación. Aquel esfuerzo auroral de la UNAP de hace seis años para apoyar a los profesores que hiciesen maestrías y doctorados en sus especialidades, hoy en día es una política pública implementada por el MINEDU a través de programas como Beca Catedrático, por ejemplo.






