- Gracias a los controles médicos y a la medicación mensual, ellos se muestran recuperados y pasivos.
La dirección regional de salud vela por cuatro casas protegidas donde albergan a personas con alteraciones mentales, que felizmente, gracias a la ciencia, son combatidas con el tratamiento correspondiente.
Ayer se pudo visitar una segunda casa protegida, de las cuatro existentes; ubicada en la cuadra 3 de la calle Periodistas. Los 8 usuarios son varones, unos miran televisión, otros conversan a la entrada de la casa, uno aún recuperándose en su cuarto. Otro, salió a vender algunas golosinas.
Se observa una casa sin jardín, cuartos y servicios higiénicos limpios. Todo ordenado. Sin embargo, sería un acierto muy grande que alguna futura autoridad piense en comprar un terreno amplio con jardines y espacios donde ellos puedan hacer actividades de campo. Porque ahora, solo están ahí mirando televisión, hablando quien sabe de qué cosas de la vida misma, vegetando siendo jóvenes en mayoría.
“Este es un hogar protegido, son pacientes que han cometido crímenes, que han asesinado, pero no por voluntad y estando en sus cabales. Lo hicieron cuando la esquizofrenia ya estaba rebasada en su mente.
Todos están acá por un tema judicial, a ellos no los pueden llevar a la cárcel ya que está comprobada su afectación mental. Han cometido delitos en una etapa de su vida, cuando estaban alterados mentalmente. En su mayoría con la atención médica y sus tratamientos, ya se han ido olvidando de esos sucesos. Ahora piensan en salir a vender por la calle, ver a su familia. De por vida tienen que tomar sus medicamentos” narra el cuidador.
Al salir, luego de recorrer toda la casa un poco apretada para ellos; Joel Córdova, nos llama y pide que digamos que quieren vivir en una casa donde haya campo, donde puedan criar animales y vender para poder comprarse algunas cosas.
“Yo no tengo familia en Iquitos, queremos un espacio con campo donde criar gallinas, criar perros, gatitos, para distraernos. Queremos sembrar hortalizas y luego vender y así tener nuestra platita para comprar cosas para la casa y comer rico como un chilcano de carachama, un rico caldo de gallina. Todo eso es rico y queremos comer, también huevos regionales” nos dice Joel, quien hace años descuartizó a su mamá en un pueblo de Caballo Cocha, cuando la esquizofrenia le afiebraba la mente.
La cantidad de candidatos a las municipalidades y gobierno regional ¿habrá pensado, aunque sea un minuto en ellos, en mejorar su calidad de vida? No lo creemos. (LMHL).




